Ciclo de Conferencias Nidera: “El maíz y el cambio climático”.

La alta variabilidad e intensidad de los fenómenos climáticos obliga a modificar las estrategias para la producción agrícola. En una nueva capacitación del Programa Agricultura Consciente de Nidera, que ya se encuentra online, el especialista Gustavo Maddonni explica cuáles son las medidas de manejo recomendadas para el cultivo de maíz frente a las nuevas condiciones ambientales.

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“En los últimos años estamos presenciado incrementos de lluvias y aumentos de temperatura. Frente a esto, los productores deben considerar la variabilidad climática de cada localidad al momento de decidir la siembra del cultivo de maíz”. Así lo señala el doctor en Ciencias Agropecuarias Gustavo Maddonni en la introducción de la cuarta capacitación del ciclo 2015 de Agricultura Consciente de Nidera. En cuatro videos, el investigador de la Facultad de Agronomía de la UBA – CONICET, describe las estrategias para llevar adelante el cultivo de maíz frente a las condiciones climáticas actuales.

Maddonni explica que el cultivo de maíz se ha expandido por fuera de la tradicional región templado húmeda, llegando a zonas tropicales y hacia al oeste hasta ambientes que anteriormente eran definidos como semiáridos. “Es por esto que la siembra arranca desde principios de agosto, con los maíces tempranos del Norte, hasta fines de enero o principios de febrero en regiones más templadas, con los que llamamos maíces tardíos”.

Al considerar las claves para elegir la fecha de siembra, el especialista señala que el maíz es sensible a heladas en todo su ciclo, “aunque puede tolerarlas hasta el final de la etapa de seis hojas liguladas”.

“También se debe considerar que el cultivo de maíz tiene requerimientos térmicos y que progresa más rápidamente por encima de ciertas temperaturas, que para la siembra es 10 grados y para el resto de las etapas de 8 grados”, puntualiza.

Respecto de cómo estimar la ventana de siembra, Maddonni explica que se debe contar con estadísticas climatológicas que permitan calcular para cada fecha en qué cantidad de años las temperaturas mínimas han estado por debajo de los 2 grados centígrados. “Por ejemplo –indicó-, en Ventado Tuerto, las fechas de principios de septiembre tienen algún riesgo de heladas pero con baja posibilidad de que ocurran con posterioridad a V7, por otro lado, aún sembrando hacia mediados de diciembre, se podría cumplir con la etapa de llenado sin ocurrencia de heladas tempranas que determinen una merma en el peso de los granos”.

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“En cambio –agrega-, más hacia el Sur, por ejemplo en Pehuajó, la siembra debería ocurrir hacia fines de octubre para poder cumplir el ciclo sin incidencia de heladas. Mientras que si se trata de maíces tardíos no debería ir más allá de principios de diciembre”.

El especialista recuerda que en las zonas con períodos libres de heladas muy extendidos, como el NOA, la limitante principal es el régimen hídrico y en esos casos se debe contemplar que el período más crítico del cultivo, por las altas temperaturas, no ocurra en diciembre o enero, ya que los golpes de calor pueden reducir los rendimientos.

Maddonni explica que cuando la temperatura a la siembra es menor a 12 grados se generan cultivos desuniformes. “En esos casos, si recorremos el lote 30 días después de la siembra veremos que hay plantas que tienen más hojas que las que emergieron más tardíamente y esto genera pérdidas de rendimiento que diversos investigadores han estimado en el orden de 25 a 50 kilos por cada 1% de incremento de plantas tardías”.

“Por supuesto que los maíces tardíos no tienen este problema –dice Maddonni-, pero sí lo tienen los maíces tempranos y los que son sembrados en siembra directa, ya que la cubierta de rastrojo genera una reducción de la temperatura del suelo que se puede solucionar con el barre rastrojo”.

Debido a que la variabilidad interanual de la primavera es mayor que la de los meses estivales, Maddonni señala que la cantidad de días entre la siembra y la emergencia es mucho más variable en los maíces tempranos que en los tardíos.

 

Estrés hídrico

“Sin lugar a dudas, el balance de agua alrededor de la floración es el que afecta en mayor medida al rendimiento del cultivo –explica Maddonni-, a través de una menor fijación de granos”.

Respecto del momento de siembra, el investigador señala que “podemos tener agua en la cama de siembra pero no tener agua almacenada en el perfil y esto, en un cultivo cuyo consumo total de agua puede llegar a 600 o 700 milímetros, es fundamental”.

“Entonces –continua-, a medida que atrasamos la fecha de siembra, es decir que vamos de un maíz temprano a un maíz tardío, la posibilidad de almacenar y completar la recarga de los perfiles es mayor. Por lo tanto, es importante tener en cuenta cómo ha sido el otoño ya que es la oportunidad de almacenar agua para aquellos maíces que se sembrarán temprano”.

“En algunas zonas hemos estimado que si se tiene menos del 75% del agua que es capaz de almacenar ese suelo, es preferible demorar la fecha de siembra y hacer un maíz tardío”, sostiene, y aclara que en los maíces tardíos se desplaza la floración hacia épocas con mejor balance hídrico.

 

Golpes de calor

Maddonni sostiene que en los últimos años se han encontrado lotes de maíz con muy buen aspecto pero con granos livianos que han ocasionado serios problemas en el momento de la industrialización. “Esos casos se dieron en cultivos que habían experimentado temperaturas muy elevadas durante los momentos en los que se definen los componentes del rendimiento”.

“Aunque en el norte del país la ocurrencia de altas temperaturas en los meses estivales es de mayor frecuencia e intensidad, en regiones como el sur de la provincia de Buenos Aires también se han encontrado daños en lotes de maíz por ocurrencia de golpes de calor y éste es uno de los síntomas del cambio climático que los expertos pronostican que en el futuro se va a dar con mayor frecuencia”, aclara el especialista.

“Por supuesto que los maíces tardíos no tienen este problema –dice Maddonni-, pero sí lo tienen los maíces tempranos y los que son sembrados en siembra directa, ya que la cubierta de rastrojo genera una reducción de la temperatura del suelo que se puede solucionar con el barre rastrojo”.

Debido a que la variabilidad interanual de la primavera es mayor que la de los meses estivales, Maddonni señala que la cantidad de días entre la siembra y la emergencia es mucho más variable en los maíces tempranos que en los tardíos.

 

Estrés hídrico

“Sin lugar a dudas, el balance de agua alrededor de la floración es el que afecta en mayor medida al rendimiento del cultivo –explica Maddonni-, a través de una menor fijación de granos”.

Respecto del momento de siembra, el investigador señala que “podemos tener agua en la cama de siembra pero no tener agua almacenada en el perfil y esto, en un cultivo cuyo consumo total de agua puede llegar a 600 o 700 milímetros, es fundamental”.

“Entonces –continua-, a medida que atrasamos la fecha de siembra, es decir que vamos de un maíz temprano a un maíz tardío, la posibilidad de almacenar y completar la recarga de los perfiles es mayor. Por lo tanto, es importante tener en cuenta cómo ha sido el otoño ya que es la oportunidad de almacenar agua para aquellos maíces que se sembrarán temprano”.

“En algunas zonas hemos estimado que si se tiene menos del 75% del agua que es capaz de almacenar ese suelo, es preferible demorar la fecha de siembra y hacer un maíz tardío”, sostiene, y aclara que en los maíces tardíos se desplaza la floración hacia épocas con mejor balance hídrico.

 

Golpes de calor

Maddonni sostiene que en los últimos años se han encontrado lotes de maíz con muy buen aspecto pero con granos livianos que han ocasionado serios problemas en el momento de la industrialización. “Esos casos se dieron en cultivos que habían experimentado temperaturas muy elevadas durante los momentos en los que se definen los componentes del rendimiento”.

“Aunque en el norte del país la ocurrencia de altas temperaturas en los meses estivales es de mayor frecuencia e intensidad, en regiones como el sur de la provincia de Buenos Aires también se han encontrado daños en lotes de maíz por ocurrencia de golpes de calor y éste es uno de los síntomas del cambio climático que los expertos pronostican que en el futuro se va a dar con mayor frecuencia”, aclara el especialista.

El profesional de la FAUBA comenta en agriculturaconsciente.com que alrededor de la floración, la incidencia de temperaturas superiores a 35 grados puede ocasionar fallas en la fecundación de los granos y promover el aborto de flores fecundadas determinando reducciones de hasta el 80% en la cantidad de granos potenciales que podrían dar las espigas.

“Además –explica Maddonni-, los golpes de calor pueden afectar el peso de los granos y esto es más grave cuando ocurren en la mitad del llenado. Si los golpes de calor ocurren durante la primera mitad del llenado, no solamente tendremos granos más livianos sino con mayor concentración de proteína. En cambio, si ocurren durante la segunda mitad del llenado, tendremos granos más livianos y con mayor concentración de aceite. En general la concentración de almidón, no es afectada”.

El cronograma de capacitaciones de Agricultura Consciente, al que se puede acceder libremente enwww.agriculturaconsciente.com, continuará con la participación del Ingeniero Agrónomo Diego Santos que se referirá al impacto del cambio climático sobre el cultivo de soja y estará disponible online a partir del 22 de septiembre.

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