El agro del futuro: convertir estiéricol y forraje en energía verde

En Yanquetruz, el criadero de cerdos de ACA en San Luis, convierten los efluentes en calor y electricidad. Sustentabilidad y asociativismo, en foco.

 

“Valor agregado, producción sustentable, impacto ambiental, asociativismo. Dejar de ser el granero del mundo para ser la góndola del mundo”. Son las consignas que repiquetean cada vez más. Ya las incorporó a su discurso el propio presidente Mauricio Macri.  ¿Alguien puede no estar de acuerdo?

Nadie, por supuesto. La buena noticia es que ya hay bastante camino recorrido en la dirección indicada. Y en algunos casos, yendo mucho más allá. Es el caso de Yanquetruz, el criadero de cerdos de la Asociación de Cooperativas Argentinas, inaugurado hace cuatro años en Juan Llerena, provincia de San Luis. Que se integra con la planta industrial de “Alimentos Magros”, en la ciudad cordobesa de Justiniano Posse.

“La cuestión ambiental es clave”, dice el flamante presidente de ACA, Augusto González Alzaga. Asumió en noviembre pasado. Productor de Carabelas, González Alzaga cerró su tambo hace unos años para dedicarse a la agricultura y ganadería de ciclo completo, y desde el 2000 preside la cooperativa de Carabelas, una de las 160 que integran ACA.

“El proyecto fue realizado con recursos propios, impulsado por la falta de energía eléctrica en cantidad y calidad para desarrollar la actividad del criadero de cerdos en las sucesivas etapas que comienzan en 1.300 madres para ir hasta 5.200”.

El sistema tiene alto impacto. Produce energía renovable, dando solución a los problemas de generación, transporte y distribución de energía. Y además resuelve de manera amigable con el medio ambiente la cuestión de la excreta de los cerdos criados intensivamente.

La planta consta de dos biodigestores primarios y dos secundarios, sala de bombas, power house con dos motores de 1.000 HP cada uno, que funcionan con biogás producido por los purines de cerdo, más silo de sorgo y de maíz.

Recibe diariamente 150 metros cúbicos de excrementos, que mezclados convenientemente con 50 toneladas de silo de forraje generan electricidad y energía calórica para calefaccionar el criadero de 1.300 madres, en pleno proceso de crecimiento. Se duplicará este año.

Yanquetruz produce anualmente 4,7 millones de metros cúbicos año de biogás que tratado (lavado, extraído de impurezas e impulsado a determinada presión) es inyectado a los motores. Tiene una capacidad de 1,53 megavatio de potencia, triplicando la necesidad del criadero.

“Recorrí varios países de Europa el año pasado y me sorprendió la cantidad de molinos eólicos y plantas de energía solar. Y en la Cop21 de París, en diciembre, todo el mundo acordó en tomar por las astas la cuestión del calentamiento global. Todo lo que estamos haciendo en ACA apunta a un alto standard ambiental”.

En rigor, la planta de tratamiento de efluentes de Yanquetruz es una usina de co-generación de electricidad y calor. “Fue construida con la mejor tecnología disponible, desarrollada y mejorada por profesionales argentinos”, agrega Augusto.

Con el agua de refrigeración de los motores y el agua calentada con los gases de escape se calefacciona toda la instalación: las 1.300 madres, toda la recría y la terminación. Una población de casi 17.000 cerdos en total.

Pero hay más: El residuo final, tras 100 días de estadía en los biodigestores, es utilizado para fertilizar los campos propios con 438 toneladas por año de biofertilizante disponible para uso agrícola.

En esos campos se riega, también utilizando la autogeneración eléctrica. Los lotes irrigados producen para la división ACASemillas de la compañía.

El biogás se produce a través de la degradación anaeróbica del estiércol de cerdo proveniente de los sitios de maternidad y engorde. Además se suministra de forraje de maíz, para potenciar la producción de biogás.

La obtención de biogás anual es de 4.703.656 metros cúbicos por año, con 55,2% de metano. El residuo orgánico que se descarga de los biodigestores secundarios obtenido de los procesos de digestión anaerobia, es un lodo líquido fluido de excelentes propiedades fertilizantes.

“No todas son buenas noticias–se detiene González Alzaga—; tenemos un sobrante de energía eléctrica que está disponible para integrarse a la red. Pero desde hace dos años estamos esperando que se nos den las condiciones para hacerlo”. Tiene la expectativa de que con la nueva conducción oficial, se pueda acceder a la red y dotarla de un megavatio de energía renovable.

En Alimentos Magros, de Justiniano Posse, también se está implementando una planta de generación triple: energía, frío y calor. Con la colaboración de la Universidad de Villa María y el Fonarsec (un fondo de investigación y desarrollo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica para proyectos de alto impacto).

Toda la “mucanga” del frigorífico se va a usar para disminuir contaminación. Está en viaje toda la maquinaria.  La impronta ambiental atraviesa otros emprendimientos. “En la planta de ACABio, donde producimos etanol de maíz, se captura el CO2 de la fermentación. Se lo entregamos a una planta de gases industriales, que abastece a las elaboradoras de bebidas carbonatadas”.

Esta planta, hasta ahora, obtenía el CO2 a partir del gas natural. Es decir, sustituye energía fósil por renovable, y reduce la emisión de CO2 de la planta de etanol. ACABio integra más de 50 cooperativas de ACA, con lo que hay 40.000 productores socios del emprendimiento. Asociativismo con escala en un proyecto de energía renovable … Siglo XXI Con 18 millones de toneladas anuales, ACA es la principal acopiadora de granos de la Argentina.

“Mover este volumen también requiere pensar alternativas con menor impacto de emisiones. Por eso estamos involucrados en proyectos ferroviarios, y contamos con un tren de 8 barcazas fluviales y un remolcador”.

 

 

Fuente: http://agriculturers.com/

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