Enfermedades: consejos para evitar la resistencia a fungicidas

Fitopatólogos de la UBA brindan pautas de manejo para que no se generen resistencias a los principios activos disponibles.

La pulverización debe hacerse en el momento justo.

La pulverización debe hacerse en el momento justo.

 

El control químico de las enfermedades es una de las medidas de manejo más empleadas en la agricultura, debido a que los fungicidas se han convertido en una parte integral de la producción eficiente de alimentos. En muchas ocasiones la utilización de fungicidas constituye una medida eficiente, rápida, práctica y económicamente viable. Sin embargo, y al igual de lo que sucede con el uso de herbicidas e insecticidas, las poblaciones de hongos objeto de control pueden generar resistencia, tornando a los insumos fitosanitarios destinados a la protección vegetal ineficientes, generando graves problemas a los productores, empresas y a la comunidad en general.

 

En simples palabras “los hongos comienzan a acostumbrarse” a los fungicidas. Este proceso se explica por el hecho de que algunos individuos de la población fúngica logran sobrevivir, multiplicarse y propagarse, a pesar de haber sido expuestos a la aplicación de un fungicida que normalmente controlaba a esa población.

 

A modo de ejemplo, en Argentina se ha informado sobre fallas de control de triazoles sobre la roya de la hoja del trigo (P. triticina), la pérdida de sensibilidad in vivo de Pyricularia grisea a mezclas de fungicidas y de Cercospora kikuchii a carbendazim in vitro.

 

Para evitar o retrasar la aparición de cepas fúngicas resistentes a los fungicidas se deberían implementar en forma integrada una serie de prácticas que, en resumen, consisten en:

 

-Aplicar un fungicida solamente cuando es necesario, de acuerdo con los umbrales de daño económico desarrollados y validados en el país.

 

-No llegar tarde, aplicar en el momento óptimo de acuerdo con la metodología científica disponible y siempre que sea necesario.

 

-Utilizar mezclas de principios activos con diferente mecanismos bioquímicos de acción. Ambos principios activos deben tener alta eficiencia en el control del o de los patógenos que son objetivo de control. El retraso en la aparición de resistencia mediante la mezcla de un fungicida de alto riesgo con un fungicida de bajo riesgo se produce porque el fungicida de bajo riesgo disminuye aún más el tamaño de la población del patógeno sensible y por lo tanto el número de mutantes generados por unidad de tiempo, y porque disminuye la eficiencia de infección y por lo tanto la probabilidad de supervivencia de la cepa resistente.

 

-Complementar los fungicidas con inductores de la resistencia (ej. quitosanos, fosfitos) y agentes de control biológico.

 

-Alternar principios activos (entre y dentro de un mismo mecanismo bioquímico de acción).

 

-Respetar las dosis de marbete y obedecer las restricciones indicadas en los mismos. Tanto el tiempo de la vida efectiva de una molécula gastado durante la fase de aparición (emergencia), como el tiempo empleado durante la fase de selección se pueden maximizar, para un número fijo de aplicaciones de fungicidas por estación de crecimiento del cultivo, mediante el uso de la dosis más baja que pueda proporcionar un control eficaz de la enfermedad, es decir, la dosis desarrollada experimentalmente durante no menos de tres campañas agrícolas, que es la indicada por el fabricante en el marbete.

 

Debe quedar claro que cualquier medida que signifique disminuir dosis o hacer aplicaciones divididas debe necesariamente ser comprobada científicamente en laboratorio y a campo antes de ser recomendada, y siempre dentro de un programa de manejo integrado que implique monitoreo de la resistencia de la población de cepas en la región, uso de variedades resistentes, rotación de cultivos, tratamiento de semillas efectivo y prácticas culturales, entre otras medidas.

 

Además es fundamental desarrollar un programa de monitoreo de la sensibilidad de las poblaciones de los patógenos principales objeto de control, y de valoración de la fungitoxicidad de las principales moléculas químicas y de determinación de dosis óptimas a campo. A su vez, implementar un programa de manejo integrado de enfermedades que incluya siembra de genotipos resistentes o tolerantes, rotaciones, uso de semilla libre de patógenos, aplicación de prácticas culturales, utilización de la nutrición como complemento para el manejo de enfermedades, etc.

 

La aplicación integrada de todas estas medidas será la clave para poder maximizar la vida útil y la eficiencia de uso de los principios activos fungicidas actualmente disponibles en el mercado, durante el mayor período de tiempo, garantizando la sustentabilidad económica y ambiental.

 

Sin embargo, y una vez más, se deja constancia que sin la adopción de las medidas de anti-resistencia dentro de un programa de manejo integrado de enfermedades, la historia volverá a repetirse: solo es cuestión de tiempo.

 

Marcelo Carmona y Francisco Sautua, Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires.

fuente: Clarin Rural

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