RECOMIENDAN MONITOREO PERMANENTE PARA UNA DE LAS MALEZAS MÁS AGRESIVAS: AMARANTHUS PALMIERI.

Los problemas de malezas no surgen de la nada, sino que ocurren dentro de un contexto económico, social, productivo y cultural particular, que presiona fuertemente al sistema agrícola y sus componentes bióticos. De esta manera, se generan cambios que ocurren en una escala espacio-temporal que trasciende el nivel del lote individual, así como el momento correspondiente a una práctica de manejo o incluso una sola campaña.

Amaranthus_palmeri

La naturaleza biológica de las malezas determina que evolucionen, adaptándose a aquellas prácticas destinadas a su control que por resultar, en algún sentido, convenientes al esquema de producción, que en general es el más rentable en el corto plazo, se reiteran con elevada intensidad y frecuencia. En nuestro caso, esto correspondería al empleo de herbicidas de elevada eficacia y bajo costo relativo; a modo de ejemplo, podemos citar al glifosato, así como también a algunos herbicidas de elevada persistencia, como el metsulfurón metil.

El resultado del proceso adaptativo podemos resumirlo en la manifestación de tolerancia y resistencia a herbicidas; así, su consecuencia inmediata es una reducción significativa en la utilidad práctica y económica de la herramienta química, además de las pérdidas de producción como consecuencia de la interferencia ocasionada por la maleza mal controlada, o más precisamente, no controlada.

Por otra parte, la dispersión de las malezas hoy no se limita sólo a las vías naturales; el hombre interviene, en la mayoría de los casos de manera inconsciente, a través del movimiento de los animales domésticos, el empleo de semillas de dudosa procedencia, el movimiento de las maquinarias, etc.

De esta forma, contribuye a que un problema de malezas que evolucionó en un determinado lugar, pueda afectar a otros sistemas productivos ubicados a una distancia muy variable, a veces muy considerable, y hasta podríamos hablar inclusive de una escala global.

Este sería el caso de Amaranthus palmeri (S. Watson), una maleza arribada a nuestro país desde el hemisferio norte y detectada durante la campaña 2011-2012 en el sur-oeste de la provincia de Córdoba. No existían registros de la presencia de esta especie en los anales de botánica de Argentina, y se sospecha que las semillas ingresadas al país poseen un bagaje de resistencias a herbicidas adquirido en otras latitudes. Esta especie posee, además, atributos biológicos que la convierten en una maleza sumamente agresiva y muy difícil de manejar eficazmente, al menos, con los recursos tecnológicos actualmente disponibles.

Características principales

Amaranthus palmeri es una especie nativa del sur-oeste de América del norte, que también ha sido introducida en Europa, Australia y otras áreas geográficas. Actualmente, es una maleza muy importante en el sur de Estados Unidos, donde afecta a cultivos de algodón y soja. En 2006, se detectó su presencia en el norte del estado de Illinois y en 2010 se informó de su hallazgo en el sur-oeste del estado de Michigan, donde se registró la presencia de biotipos resistentes a glifosato y a herbicidas inhibidores de ALS. Existen reportes sobre la existencia en Estados Unidos de biotipos con resistencia a inhibidores de fotosistema II, inhibidores de HPPD como así también a dinitroanilinas.

Algunos especialistas en malezas de Estados Unidos, citan que la mejor estrategia de prevención es la eliminación en forma manual de los individuos (Hollis, P. 2009. Reduce Seed Bank. Southeast Farm Press N.P 18). La tasa de crecimiento de A. palmeri puede alcanzar hasta 4 cm por día y producir 600.000 semillas por planta, las cuales son capaces de germinar durante toda la estación de crecimiento. Posee además una elevada tolerancia a los ambientes adversos, gran variabilidad genética y facilidad para evolucionar resistencia a herbicidas. El nombre común en español es “Bledo” y en inglés se la cita como “Palmer Amaranth”.

Es una especie dioica, o sea, que existen pies femeninos y masculinos separados; esta es una característica muy particular ya que las restantes especies de yuyos colorados conocidas en nuestro país son monoicas. Es anual y glabra, y puede alcanzar hasta 1,5 m de altura, con tallos ramificados desde la base y con rayas longitudinales verde a amarillo y marrón rojizo. Las hojas son alternas con láminas rómbicas, ovadas a rómbico-lanceoladas, ápice agudo con una espina fina en la punta, la base es redondeada con nervaduras prominentes en el envés; los pecíolos son delgados y frecuentemente de una longitud superior a la de las láminas (Foto 1). Las inflorescencias son llamativamente largas y con pocas ramificaciones (Foto 2). Las flores femeninas tienen brácteas espinosas, pero las masculinas son inermes y desprenden polen al agitarlas.

En ensayos llevados a cabo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, se ha constatado en biotipos provenientes de la Provincia de Córdoba elevados niveles de resistencia a inhibidores de la enzima acetolactato sintasa (ALS). En estos ensayos, se analizó el comportamiento de poblaciones de A. palmeri frente a un amplio rango de dosis de herbicidas pertenecientes a los grupos de imidazolinonas, sulfonilureas y triazolopirimidinas. En todos los casos, con el empleo de dosis equivalentes a 32 veces la dosis de uso comercial, no se logró disminuir significativamente la biomasa de esta maleza. Estos resultados, ponen de manifiesto la amenaza potencial que significa la presencia de esta especie en los sistemas agrícolas de nuestro país. El objetivo de esta comunicación, es brindar información sobre esta “nueva” especie en nuestros sistemas, alertar sobre su peligrosidad y sobre la necesidad de generar información para prevenir o, al menos, retrasar su dispersión.

Y encima plagas

Durante la campaña pasada, los técnicos y productores del medio informaron sobre la presencia de poblaciones de yuyo colorado común (Amaranthus quitensis), sobre las cuales el glifosato no actuaba o lo hacía muy parcialmente. Un estudio exhaustivo de algunos de estos casos, nos permitió concluir que las plantas sobrevivientes habían sido atacadas por un coleóptero minador de la familia Cerambycidade, el cual afecta al sistema vascular de las plantas sin matarlas pero provocando un estrés de magnitud tal que impide al herbicida actuar eficazmente. Contemplando la posibilidad de estos casos, sugerimos que cuando se enfrenten fallas de control sobre yuyo colorado común, se verifique la posible presencia del insecto en el interior del tallo (Foto 3).

Fuente: Revista Chacra. (Daniel Tiuesca, Juan Carlos Papa, Sergio Morichetti)

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