La exportación de leche en polvo acumula diez meses de pérdidas

El mes pasado el FOB promedio no logró superar los 2100 u$s/tonelada.
La exportación de leche en polvo acumula diez meses de pérdidas: los precios siguen en el subsuelo

El valor FOB promedio de la leche en polvo entera sigue en el subsuelo para ubicarse un 46% por debajo del precio registrado un año atrás.

Las exportaciones argentinas de leche en polvo entera a granel declaradas en septiembre pasado (sin considerar las colocaciones realizadas en Venezuela cuyos valores presentan factores ajenos a cuestiones propias del mercado) fueron de 7054 toneladas a un valor promedio ponderado de 2079 u$s/tonelada. La mayor parte del volumen declarado se destinó a Brasil y Argelia.

El valor FOB más bajo registrado el mes pasado corresponde a una partida de 500 toneladas de la empresa Verónica con destino a Brasil por apenas 1528 u$s/tonelada.

En septiembre de 2014 se habían declarado ventas externas –sin considerar a Venezuela– por 6605 toneladas a un precio promedio de 3860 u$s/tonelada.

Las industria lácteas –considerando el valor FOB promedio mensual– vienen exportando a pérdida desde diciembre de 2014 (cuando los valores cayeron por debajo de 3100 u$s/tonelada para seguir descendiendo progresivamente en el transcurso de 2015 hasta los niveles actuales). El retraso cambiario presente en la economía argentina contribuye a potenciar los quebrantos.

Las empresas que siguen participando del negocio lo hacen para cumplir con compromisos de largo plazo o bien para mantener cuota de mercado en destinos considerados estratégicos.

Por su parte, los envíos argentinos de leche en polvo entera registrados en septiembre pasado a Venezuela sumaron 10.556 toneladas a un promedio ponderado de 4133 u$s/tonelada.

Los elevadísimos precios internacionales de la leche en polvo entera registrados en el primer semestre de 2014 –que no pudieron aprovechar las industrias lácteas argentinas porque el gobierno kirchnerista tuvo la brillante idea de aplicar un cepo exportador– generó un impulso productivo en las naciones lecheras cuyo efecto inercial se mantiene hasta la fecha (ayudado por el bajo valor de los granos forrajeros).

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