Lo que el agua se llevó…u$s10.000 millones

Las inundaciones no sólo provocan pérdidas en el agro, también arrastran a la actividad económica en el interior

Toda contingencia climática negativa como la que sufrió el país en abril del 2016 y en abril de este año tiene sus efectos negativos no solamente en la perdida de la cosecha, sino también en todo el entramado socio-económico y en la actividad de los pueblos y regiones circundantes afectadas. La Argentina tiene 285.000 kilómetros de caminos que integran la Red Vial Terciaria. Está compuesta por caminos, calles y rutas que dependen de los municipios o comunas, de los cuales 100.000 se encuentran en la provincia de Buenos Aires. Son estos los caminos, excluidos los urbanos, los que integran la columna vertebral del sistema agroindustrial exportador de nuestro país e igual que hace 80 años.

Cómo podrá la Argentina aspirar a producir 150 millones de toneladas, cifra muy factible de llegar si el país contara con la infraestructura adecuada, si en una lluvia de 150 mm se pierde el 5% de la cosecha y si la lluvia se duplica en cantidad las pérdidas llegan al 15 por ciento. El daño es geométrico a medida que aumenta el caudal de lluvias en cortos periodos de tiempo, y lo hemos visto en la campaña pasada cuando sólo en soja las reducciones llegaron a superar los u$s4.000 millones, de las cuales u$s3.200 están ligadas directamente a la producción y u$s800 millones por mala calidad.

Entre todos los cultivos (soja, maíz, girasol y trigo) en la cosecha 2016/2017 las pérdidas llegaron a un total de u$s4.530 millones incluyendo las 200.000 hectáreas de trigo que no se pudieron sembrar y las caídas en la cosecha de girasol en el Chaco. De todo esto, la soja se lleva el 88 % de las mismas, en este análisis no están contempladas las pérdidas en el sector lechero, ni caminos, campos inutilizados, el tejido urbano afectado, casas particulares, ni las sociales.

En esta campaña la situación es igual de alarmante que la sucedida en la cosecha anterior, la única diferencia es que se ha corrido el eje de la catástrofe, impactando ahora en el norte y oeste de Buenos Aires, sur de Santa Fe y norte de La Pampa, llegando también al sur de la provincia de Córdoba.

Hasta el momento las pérdidas como consecuencia de las lluvias de abril y las que vamos teniendo en mayo llegan a un total de u$s2.840 millones, de los cuales el 77%, unos u$s2.175 millones, corresponden a soja, Y en el caso del trigo las 700.000 hectáreas que no se han podido sembrar equivalen a un lucro cesante de u$s665 millones.

Podemos entonces concluir que las pérdidas económicas en estos últimos dos años, como consecuencia de las elevadas lluvias durante el otoño, llegan a un total de u$s7.370 millones. Si agregamos las pérdidas materiales y menor actividad económica en el interior, excluidas las perdidas productivas ya detalladas en el presente artículo, el país perdió más de u$s10.000 millones, una cifra algo menor a lo que cuesta el Plan Belgrano.

No es cuestión de ser excluyentes, bien se puede comenzar a desarrollar un Plan para la Pampa Húmeda que de previsibilidad productiva a una de las zonas más ricas y fértiles del mundo.

Más allá del Plan Belgrano, es momento
de un plan para la Pampa Húmeda

Es momento de que el gobierno nacional tome la iniciativa y comience a delinear un Plan Pampa Húmeda, pues ha quedado demostrado que lo hecho hasta el momento, en forma independiente por cada una de las provincias, departamentos o municipios, ha resultado ser un rotundo fracaso. Es momento que la corrosión y desidia política de paso al trabajo y las organizaciones público-privadas, permitiendo que especialistas en la materia que los hay, y muchos, y poder de esta forma delinear una estrategia de largo plazo para mejorar la infraestructura del país. Como dicen los chinos, para recorrer 1000 km hay que caminar los primeros pasos.

Me gustaría compartir el final de mi análisis con un comentario de un conocido y aguerrido productor, Alberto Marchionni, de la zona de Hughes provincia de Santa Fe:

“Desde que nací, allá por 1960, en una chacra de 35 hectáreas a 11 km al sur de Hughes, cuando había años lluviosos no se podía pasar por los caminos rurales. De esa época hasta el presente todo se fue deteriorando por el paso del tiempo. No se ha hecho una obra hidráulica importante en nuestra zona. Hay campos de 20.000 dólares que producían  como en el cinturón maicero americano y hoy no solo no son improductivos sino que valen cero dólares porque están totalmente cubiertos de agua desde hace años y agravados estos últimos dos. Se deben hacer canales inteligentes, drenajes subterráneos y hacer un proyecto integral que no se saque agua de una región para perjudicar a otra”. Han pasado 57 años y los caminos rurales se siguen inundando como por entonces.

Pablo Adreani / BAE Negocios

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