¿Qué puede cambiar para el tambero si se vendiera Sancor?

     Las dificultades por las que actualmente atraviesa Sancor hacen que cobre especial relevancia el contraste entre la forma cooperativa, por un lado, y la empresa convencional, por el otro.

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  • Los inversores apuestan a adquirir activos por un valor menor que el que alcanzarán con el cambio de gestión.

Lo ocurrido lleva a varias reflexiones. Por un lado, existen riesgos en intentar resolver problemas económicos a través de mecanismos políticos. En efecto, pagar deuda con envíos de leche en polvo puede haber sido (para el acreedor) un mecanismo atractivo cuando el precio del producto recibido superaba los US$ 4500 por tonelada. Las cosas cambian si este precio baja a US$ 2500 o menos.

Si la negociación se hubiera llevado a cabo entre privados, y no entre una cooperativa y un banco público, el resultado posiblemente hubiera sido distinto: por de pronto, la política hubiera ocupado el asiento trasero, dejando “al frío mercado” al volante. Pero el problema de Sancor puede analizarse desde otro punto de vista. ¿Por qué una cooperativa que pasa dificultades financieras resulta un blanco atractivo para inversores privados, ya sea locales o extranjeros? ¿Qué tienen estos inversores que “hace la diferencia” para transformar un negocio deficitario en uno rentable?

Los inversores apuestan a adquirir activos por un valor menor que el que alcanzarán con el cambio de gestión. Para lograr esto, el inversor tomará medidas de control de costos que la gerencia cooperativa posiblemente demoró por considerarlas “políticamente inviables”.

En efecto, el traspaso de la propiedad de activos generalmente facilita la renegociación de contratos (ya sean tácitos o formales). Por ejemplo, la permanencia de parte de los más de 4700 empleados de Sancor (más de 3 empleados por cada uno de los 1400 tambos que entregan leche a la cooperativa) será sometida a cuidadoso escrutinio.

La nueva gestión podrá también rever contratos que la vinculan con productores de leche. Bajo la forma cooperativa estos productores recibían beneficios no asociados a venta de leche (asistencia técnica y veterinaria, prepaga propia, supermercado con cuenta corriente, escuelas y clubes, concesionaria de vehículos), que los favorecían como productores, pero los desfavorecían como socios de la cooperativa (el delicado estado financiero de ésta así parece mostrarlo).

De ser vendida Sancor, parte de esos “beneficios cooperativos” desaparecerían o, de seguir existiendo, serían compensados a través de menores precios de la leche. En definitiva, el productor evaluará si prefiere los mayores “beneficios cooperativos” que antes recibía y menor precio de la leche o menores beneficios junto con mayor precio del producto vendido.

En la organización privada es el mercado de capitales el que disciplina a la gerencia: ineficiencia resulta en caída de precio de activos y, por lo tanto, incentivo para que inversores externos adquieran control y reemplacen a la gerencia anterior.

Un mecanismo similar opera con las cooperativas: el interés mostrado por varios grupos inversores (recientemente Coca-Cola) por Sancor parecería ser evidencia sobre esto. Pero resulta más fácil transferir acciones de una empresa capitalista a otra que liquidar una cooperativa y vender sus activos a una empresa convencional. El mayor “costo de transacción”, implícito en transitar de cooperativa a empresa convencional, tal vez explica por qué ofertas de adquisición originalmente realizadas en 2006 fueron rechazadas, volviéndose a evaluar seis años más tarde la conveniencia de realizar una transición similar.

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