Tecnología para conservar y recuperar los suelos

En Sachayoj, técnicos del INTA evalúan la incorporación de prácticas para prevenir y controlar la erosión hídrica. Los avances de estos ensayos serán presentados en la jornada que se realizará el 13 de julio en el establecimiento “El Toba”.

Tecnología para conservar y recuperar los suelos

Santiago del Estero es una de las provincias con mayores tasas históricas de deforestación, el 42 % de la superficie registra condiciones de salinidad y el 59 % tiene susceptibilidad a erosión hídrica y eólica. Por esto, en el Este provincial el agua almacenada en el suelo es un aspecto clave para asegurar la producción cuando las precipitaciones son escasas.

En la localidad santiagueña de Sachayoj –ubicada en el noreste de la provincia– predominan los sistemas agrícolas de siembra directa en grandes unidades de manejo, cultivos extensivos y escasa rotación. Aun así, el rendimiento promedio de soja en las últimas seis campañas fue de 2.600 kilos por hectárea; mientras que el maíz alcanzó los 5.800 kilogramos por hectárea.

Para mejorar la estructura del suelo y los rindes de los principales cultivos agrícolas, técnicos del INTA trabajan en la construcción de mapas de suelos, realizan ensayos de fertilización y evalúan la incorporación de tecnologías que ayuden a prevenir y controlar la erosión hídrica.

En este sentido, los cultivos de cobertura son una herramienta clave debido a que mejoran el almacenamiento de las precipitaciones, favorecen la infiltración y reducen las pérdidas por escorrentía.

“Conocemos los beneficios que aportan los cultivos de cobertura, pero debemos tener en cuenta cuál es su consumo de agua para evitar que se transformen en una competencia con cultivos de importancia económica”, afirmó Clara Berton, especialista en Ecofisiología vegetal del INTA Quimilí, y añadió: “Para evitarlo, periódicamente analizamos parámetros de suelo y cultivo con la finalidad de contribuir al mantenimiento, conservación y recuperación del recurso”.

Vizgarra: “Conocer y monitorear los procesos de degradación física permitirá aplicar las prácticas adecuadas para mejorar la estructura del suelo y su productividad”.

La información sobre el tipo y la aptitud del suelo es fundamental para la toma de decisiones. Por esto, la construcción de mapas de suelos es una herramienta indispensable en la planificación agropecuaria. “Conocer y monitorear los procesos de degradación física permitirá aplicar las prácticas adecuadas para mejorar la estructura del suelo y su productividad”, señaló Amanda Vizgarra, investigadora en Recursos Naturales y Suelo de la Experimental Quimilí.

Los avances en los estudios sobre fertilización de cultivos anuales y la incorporación de cultivos de cobertura serán presentados en la jornada “Nuestros suelos: potencialidades y desafíos futuros. Pautas de manejo” que se realizará el 13 de julio en el establecimiento “El Toba”.

“Uno de los objetivos de la jornada es fortalecer la relación entre los productores y los técnicos del INTA de la zona”, indicó Vizgarra, quien manifestó que aprovecharán este espacio de intercambio para brindar prácticas de manejo que ayuden a controlar la erosión hídrica.

“Luego de cada evento de lluvia es posible observar en los campos que el agua que no infiltra, se encauza en los caminos y produce erosión y, en casos severos, hasta genera cárcavas que con el paso del tiempo afecta a los lotes productivos”, aseguró Vizgarra.

“El agua que no infiltra, se encauza en los caminos y produce erosión y, en casos severos, hasta genera cárcavas que con el paso del tiempo afecta a los lotes productivos”, aseguró Vizgarra.

Pero el problema de la erosión no es solo por las pendientes que tienen los suelos, sino por las lluvias: la cantidad de agua caída por minuto y la frecuencia marcan la diferencia y pueden hacer que el problema cambie de categoría –leve, moderado o severo–.

De acuerdo con Jorge Gvozdenovich, especialista en manejo y conservación de suelos del INTA Paraná –Entre Ríos–, “cuando llueve, la gota golpea contra el suelo y, el grado y la distancia que tenga la pendiente del paisaje hacen que el agua que no se infiltra en el lote tome velocidad y arrastre el mejor suelo que tenemos”.

“La lluvia se lleva la materia orgánica y los nutrientes que están en los primeros centímetros. Es un proceso rápido y degrada la fertilidad del campo”, expresó Gvozdenovich y advirtió: “Si no se controla, la erosión reduce los rindes de los cultivos”.

Según el especialista del INTA Paraná, la incorporación de tecnologías de bajo costo, como la siembra que ‘corta’ la pendiente, en contorno o asociada a un plan conservacionista con rotación de cultivos pueden mejorar la estructura del suelo.

“Si los procesos erosivos generan surcos o cárcavas, es necesario implementar sistemas de terrazas de evacuación”, expresó Gvozdenovich quien reflexionó: “Nuestra propuesta es producir sin descuidar el suelo”.

En la jornada se presentarán los avances en los estudios sobre fertilización de cultivos anuales y la incorporación de cultivos de cobertura.

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