Índice FADA. El estado se queda con 80 de cada 100 pesos del que produce

“El impacto que tiene la sequía reduciendo el impuesto a las ganancias genera que los
impuestos no coparticipables crezcan, hasta llevarse 3 de cada 4 pesos que aportará en
impuestos la producción agrícola este año, un récord, al menos desde que FADA lo mide”,
alerta David Miazzo, Economista Jefe de FADA.FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) lanzó un dato alarmante: en marzo 2023 el Estado se quedó con el 79% de la renta que generó en promedio un productor
agrícola de soja, maíz, girasol o trigo.


La sequía dispara la presión impositiva
La fuerte caída en la producción debido a la intensa sequía que se registró en Argentina
generó que la participación del Estado a través de los impuestos aumente. Esto se da porque el
impuesto con mayor peso es el derecho de exportación que, al actuar sobre el precio bruto, no
reconoce caídas en la rentabilidad. Así, a medida que empeora la sequía, aumenta la
participación de los impuestos sobre la renta.
El índice de marzo es 14,3 puntos porcentuales más alto que el de marzo de 2022, traccionado
por menores rindes como consecuencia de la sequía y las heladas que han afectado a los
cultivos, y menores precios internacionales que a comienzos de 2022 estuvieron impulsados por
la guerra Rusia-Ucrania.
Mientras que el promedio ponderado de cultivos a nivel nacional es de 79,1%, la participación
del Estado en soja es del 94,1%, maíz 62,4%, trigo 78,7% y girasol 58,3%. Resalta el caso de la
soja, donde los impuestos se llevarán casi la totalidad de la escueta renta que genere el cultivo
esta campaña.
“¿Cómo sacamos este cálculo? Consideramos que la renta es el valor de la producción menos
todos los costos que enfrenta. Esa renta se distribuye entre los impuestos, el resultado de la
producción y la renta de la tierra. Si lo aplicamos a alguien que alquila la tierra, o sea, que le
representa un costo, en un año donde la producción genera pérdidas el Estado se lleva más del
100% de la renta”, agrega el economista.
¿Cuánto de los impuestos vuelve a las regiones que los pagaron?
Del total recaudado por hectárea en promedio, el 76,4% son impuestos nacionales no
coparticipables, es decir, que quedan en el Estado Nacional. 16,3% son coparticipables, o sea
que una porción regresa a las provincias que lo produjeron. 6,2% corresponden a tributos
provinciales y 1,1% municipales.
“En momentos como éste resaltan dos grandes problemas del sistema impositivo”, advierte
Nicolle Pisani Claro, economista de FADA. “Por un lado, el federalismo fiscal, ya que con una

caída tan profunda de los rindes desaparece un impuesto coparticipable como el impuesto a las
ganancias y persisten impuestos que no se coparticipan como los derechos de exportación y el
impuesto a los créditos y débitos. Por otro lado, el problema de no contar con una cuenta
tributaria única y que los saldos de los distintos impuestos queden estancos y retenidos en
AFIP generando un costo para los productores”, agrega Pisani Claro.
Desde FADA se refieren en particular a los saldos técnicos de IVA que, en momentos de
quebrantos generalizados, las empresas agropecuarias acumularán montos millonarios de
saldos técnicos de IVA en AFIP, en un año en que muchas de ellas no podrán ni siquiera hacer
frente a sus deudas.
Índices provinciales y costos
Mientras el índice FADA nacional es de 79,1%, Córdoba registra un 81,7%, Buenos Aires 75,6%,
Santa Fe 77,5%, La Pampa 78,8%, Entre Ríos 86,7% y San Luis 77,5%. Resalta que en el caso de
soja 3 de las 6 provincias tienen un índice superior a 90% y las 3 restantes superior al 100%.
En el Índice FADA se analizan los costos involucrados en una hectárea de maíz, para tomar como
ejemplo. En el cálculo se toma desde el valor FOB al resultado después de todos los impuestos.
Por ello, se consideran los costos de exportación (fobbing), comercialización, transporte,
seguros, administración y producción.
Al analizar los costos resaltan dos puntos. El primero, los gastos de fobbing representan entre el
7%y el 8% de todos los costos involucrados en una hectárea de maíz.
El segundo punto, son los fletes, donde se puede ver claramente cómo se va incrementando la
participación a medida que nos adentramos en el interior productivo. En el caso del maíz, el
flete representa el 18% de los costos en Buenos Aires, en Córdoba el 21%, en San Luis el 22%,
en La Pampa el 19% y en Entre Ríos el 16%. En Santa Fe, como el grueso de la producción se
encuentra relativamente cerca de los puertos, representa el 13%.
En cuanto a los costos de insumos, medido en dólares, se han comenzado a ver descensos
importantes luego de las subas de 2021 y 2022. En la UREA, se ve una baja interanual del 56%,
aunque aún es un 20% más caro que hace 3 años. El PDA tuvo un descenso interanual del 28%,
aunque todavía cuesta un 60% más que hace 3 años. El caso del glifosato, que también había
sido uno de los que más aumentó, muestra una caída interanual cercana del 40%, pero aún vale
60% más que hace 3 años. Estas bajas de los insumos ayudan a descomprimir los costos y, por
lo tanto, el incremento del índice de participación del Estado en la renta agrícola.
¿Por qué hizo falta un dólar soja?
En los últimos dos años y medio hubo una mejora sustancial de precios internacionales, primero
impulsada por la política monetaria de Estados Unidos y los principales bancos centrales del
mundo, y luego por la guerra Rusia-Ucrania, con mayor impacto en el trigo y el girasol. “Sin
embargo, así como hubo una mejora de los precios internacionales, se dio una baja abrupta
del tipo de cambio oficial real, lo que afecta de manera negativa la competitividad cambiaria
de la producción agrícola. De hecho, a raíz de este atraso es que fueron necesarias las dos
ediciones del Dólar Soja para impulsar las ventas de soja”, explican desde FADA.

En términos de tipo de cambio real, descontando los efectos de la inflación, en el último año el
dólar cayó un 7%. Medido a precios de marzo de 2023, el tipo de cambio de marzo de 2022 era
el equivalente actual de $222, el de marzo de 2021 era el equivalente actual de $281.
“De acuerdo a lo que se ve desde septiembre, se espera que se frene el atraso del tipo de
cambio oficial, aunque el año electoral puede jugar en contra de esta política. Pero también
han comenzado a desinflarse los precios internacionales, a medida que menguan los efectos de
la guerra en el mercado de granos y los bancos centrales suben las tasas”, concluyen los
economistas.

Fuente: FADA