Pese a que una fertilización balanceada permite estabilizar el forraje y mejorar su calidad, una gran parte de los productores aún no repone nutrientes, limitando la rentabilidad y la persistencia de los sistemas ganaderos.
En el actual escenario de la ganadería argentina, la nutrición de las pasturas se ha consolidado como una de las decisiones de manejo con mayor impacto sobre los resultados productivos. Un suelo bien nutrido no solo permite producir más pasto, sino que garantiza una mayor estabilidad en el tiempo y una eficiencia superior en el uso de recursos críticos como el agua y la radiación. Sin embargo, especialistas advierten que este aspecto sigue siendo subestimado en muchos planteos.
La deuda pendiente de la reposición
De acuerdo con datos de FERTILIZAR Asociación Civil, las cifras de adopción de tecnología son preocupantes: cerca del 25% de los productores nunca fertiliza sus pasturas perennes, mientras que un 50% solo realiza una aplicación durante el año de implantación. Esta falta de reposición de nutrientes acelera la degradación de los sistemas pastoriles, que terminan produciendo muy por debajo de su capacidad real.
A este panorama se suma una pérdida generalizada de nutrientes en diversas regiones, vinculada a un marcado desbalance entre la extracción y la reposición. Este déficit es particularmente agudo en sistemas de corte y extracción de pasto, afectando no solo a los elementos principales, sino también a nutrientes de baja inclusión como el calcio (Ca), magnesio (Mg) y potasio (K).
El rol crítico de los nutrientes
Para capturar el potencial productivo de un lote, es fundamental entender qué aporta cada componente a la «dieta» del suelo:
• Nitrógeno (N): Es el responsable directo de la producción de biomasa y la velocidad de rebrote tras el pastoreo, además de definir el contenido proteico del forraje.
• Fósforo (P): Resulta vital para el desarrollo radicular y el macollaje. Su presencia es clave para sostener a las leguminosas, que actúan como un motor biológico al fijar nitrógeno del aire y transformarse en la principal fuente de proteínas para el animal.
• Azufre (S): Aunque suele ser relegado, es central para la síntesis de proteínas y para que el nitrógeno se utilice de manera eficiente; su deficiencia limita incluso la respuesta a otros fertilizantes.
Una oportunidad en los pastizales naturales
El gran desafío se encuentra en los pastizales naturales, que cubren vastas zonas del país. En estos ambientes, más del 90% de los casos no recibe aplicaciones de nutrientes, lo que representa una oportunidad perdida para mejorar la productividad y calidad con intervenciones que tienen un gran margen de repago.
El camino hacia la rentabilidad
El contexto económico actual, marcado por el incremento en los precios de la carne y una mejora en la relación insumo/producto, ofrece un escenario propicio para la inversión en tecnología. No realizar un diagnóstico correcto de los suelos implica resignar, por lucro cesante, una rentabilidad que a menudo está oculta en el crecimiento potencial de los verdeos.
Como señala Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC, la estrategia es clara: «Medir, diagnosticar y nutrir de manera balanceada son las rutas más directas para transformar recursos en forraje, y forraje en kilos de carne y litros de leche».


