Congreso Aapresid: El pastoreo como resultado en la integración agrícola-ganadera

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La reconexión de la agricultura con la ganadería trae múltiples beneficios para el funcionamiento de los sistemas y la salud del suelo. La intensidad de pastoreo es un factor clave para garantizar los mejores resultados.

La moderación de la plenaria estuvo a cargo del asesor Leandro Ventroni. La integración ganadera hace grandes aportes a la vida y diversidad de los sistemas, “pero aún falta conocer sobre la gestión del pastoreo y su impacto sobre la producción vegetal y ganadera, la salud del suelo, el ciclado de nutrientes, los gases de efecto invernadero y la estabilidad o resiliencia del sistema de producción”, explicó.
El disertante invitado Paulo Carvalho pertenece a la Alianza SIPA. Trabajan hace 3 décadas desde el sur hasta el Cerrado de Brasil en planteos agrícolas-ganaderos y silvo pastoriles bajo siembra directa. Actualmente la red de productores abarca 2000 fincas.
Comentó que el fenómeno y la tendencia a la especialización “desconectó” a la agricultura de la ganadería trayendo consecuencias en la disminución de la diversidad de los sistemas de producción.
“Los sistemas integrados son más complejos, difíciles y desafiantes, pero los beneficios valen el esfuerzo”, aseguró. Se recuperan servicios ecosistémicos y la producción primaria por encima y por debajo del suelo. Hay más cantidad y reciclaje de nutrientes (principalmente N, P, K) lo que impacta positivamente en los rendimientos por ha. Además, se da un balance positivo de secuestro de Carbono.
También se ve una disminución de nematodos, y mayor abundancia y riqueza de invertebrados, y ayuda al control de malezas y al banco de semillas. Parámetros de la salud del suelo como los agregados y su estabilidad son sumamente favorecidos con la integración ganadera.
Con la carga animal “podemos ir al cielo o al infierno”, comparó. Este factor influye en la compactación, y sobre la tasa de infiltración de agua en el suelo. Sugirió “trabajar con cargas ideales para regular la intensidad de pastoreo”.
Sus estudios indican que una altura media del manejo del pasto de 20 cm -hasta 30 cm- en pastoreos continuos (o entrada en 25 y salida a los 15 cm en rotativos) es lo ideal para un verdeo de avena y ray grass por ejemplo, con una carga de 900 kg de peso vivo por ha.
Para pasturas megatérmicas aconsejó alturas promedio un poco mayores, de 30-35 cm (40 entrada, 35 salida en rotativos) para Brachiaria por ejemplo. Señaló que “la reducción de la altura de salida no debe ser mayor al 40% de la altura de entrada”.
“Una intensidad de pastoreo moderada produce más pasto, mayor ganancia de peso animal y rendimientos posteriores de granos, más secuestro de C y mayor estabilidad y rentabilidad de los sistemas integrados a lo largo del tiempo”, sostuvo en base a datos publicados.
Por el contrario, pastoreos más fuertes perjudican la cobertura vegetal, disminuyen la producción forrajera y dan lugar a las malezas las que van a nutrir el banco de semillas, complicando otros parámetros del sistema y el manejo posterior.
El profesor de la UFRGS advierte que la compactación es un problema cuando se abusa de la carga en pastoreo continuo en suelos pesados. “En una altura de manejo de pastoreo baja (por ej. 10 cm), cada animal camina más y por más tiempo para conseguir alimento”.
¿Cómo conviene conducir el pastoreo? Los resultados de 13 años de rotaciones con pastura y soja indican que “el sistema (continuo o rotativo) no influye tanto como la intensidad de pastoreo”.
Propuso fijar las metas de producción considerando los requerimientos del animal, “de manera de facilitar a que consuman el mejor valor nutritivo en un menor tiempo y con la mayor eficiencia de pastoreo”.
Por ello desarrollaron un sistema llamado “Rotatínuo”, que combina baja intensidad y alta frecuencia de pastoreo. Trabajando con este concepto registraron 62 % menos de emisiones de metano y una mejor eficiencia de conversión y mayor bienestar animal.