
“El alimento es lo más sensible que tiene la humanidad, y casi 1.000 millones de seres humanos se van a
dormir sin comer. Es nuestra responsabilidad, producimos alimentos y el mundo nos interpela”, dijo
Alfredo Paseyro al iniciar el panel. Y resaltó que “el maíz nos dio una amistad estratégica con Estados
Unidos y Brasil, con los que ya hace casi diez años conformamos Maizall, para asegurar la provisión de
alimentos al mundo cuando no imaginábamos ni una pandemia ni una guerra”.

La eliminación de los derechos de exportación sobre el maíz en 2016 convirtió rápidamente a la Argentina
en un país maicero. La cadena pasó de un PBI de 8.326 millones de dólares en la campaña 2015/2016 a
uno de 20.397 millones en la 2021/22.

Con la idea de “invitar a pensar la bioeconomía, y al maíz como cultivo estratégico, superador de la
producción de materias primas”, Mayco Mansilla, gerente técnico de la Asociación Argentina de
Productores de Siembra Directa (AAPRESID), presentó tres casos de un ecosistema que tiene al maíz como
fuente de agregado de valor y emprendedurismo: Laura Chiantore, presidenta de Gas Carbónico
Chiantore SA, en Villa María, Córdoba; Mario Aguilar Benítez, director de Las Chilcas, en Río Seco, en la
misma provincia, y Antonio Riccilo, titular del grupo Riccilo, radicado en la provincia de Buenos Aires

“Córdoba es la primera provincia productora de maíz de la Argentina, pero el dato esencial no es ese: el
gran potencial de Córdoba está en que tiene un ecosistema que es favorable para la inversión privada”,
aseguró Manuel Ron, ingeniero agrónomo graduado en la UBA, radicado en la ciudad cordobesa de Río
Cuarto y fundador y titular de Bio4, la primera planta de bioetanol de la Argentina, así como de
Bioeléctrica, generadora de energía eléctrica a partir de fuentes renovables.