Tras un 2025 marcado por aumentos del 70%, el primer remate de ROSGAN ratifica un nuevo piso de precios. La apuesta por la producción natural y la retención de vientres asoman como los pilares para revertir décadas de descapitalización.
El primer remate de ROSGAN correspondiente al año 2026 ha confirmado que la tendencia del sector ganadero sigue siendo de solidez frente a una oferta que se mantiene acotada. En un contexto de actividad reducida por la temporada estival, se ofrecieron aproximadamente 5.000 cabezas, logrando valores que se alinean con los elevados niveles registrados al cierre de diciembre de 2025.
De acuerdo con el análisis de Raúl Milano, presidente de ROSGAN, el sector ha sabido capitalizar un cambio de paradigma macroeconómico y político. Durante el segundo semestre de 2025, se observó un incremento sostenido de los precios, impulsado por una apuesta de los productores hacia una nueva etapa productiva con baja inflación y el aprovechamiento financiero de los recursos. Este fenómeno posicionó a la ganadería como la única actividad con un alza importante de precios frente a la caída general de otros activos e inventarios.
Un nuevo escalón de rentabilidad Este escenario ha establecido un nuevo piso de precios, con incrementos que en algunas categorías superaron el 70%. Si bien este encarecimiento de la materia prima ha restado competitividad a la industria exportadora frente a los países limítrofes, se considera un «costo necesario» para incentivar el crecimiento del stock ganadero. Según los expertos, sin estos niveles de rentabilidad —no vistos en años— la producción continuaba achicándose debido a límites estructurales.
La actual escasez de animales es el resultado de dos décadas de distorsiones e intervenciones en el mercado, que buscaban garantizar precios bajos para el consumo interno pero terminaron provocando el efecto contrario: el encarecimiento de un producto vuelto escaso por la pérdida de capital e interés del productor.
Signos de recomposición y demanda mundial A pesar de los desafíos, existen indicadores optimistas sobre el futuro de la actividad:
• Retención de vientres: Se ha registrado una mejora en la calidad de vacas y vaquillonas de cría, con una demanda dispuesta a repoblar los campos, lo que se interpreta como el primer síntoma de recuperación del stock.
• Eficiencia productiva: El proceso de recría está avanzando, con lotes de mayor kilaje y un aumento en el peso promedio de faena.
• Contexto internacional: La demanda mundial de carnes sigue fortalecida por el impulso de China y una marcada preferencia global por la producción natural sobre las alternativas sintéticas.
Actualmente, el mercado se encamina hacia un nuevo punto de equilibrio mientras se aguarda el inicio de la zafra de terneros. La cadena ganadera parece haber encontrado, finalmente, un escalón que le permite sobrellevar el impacto de los costos y proyectar una etapa de crecimiento genuino tras años de estancamiento biológico y productivo.


