El mercado ganadero local atraviesa una etapa de búsqueda de un nuevo equilibrio de precios, caracterizada por una marcada cautela tanto en la hacienda gorda como en la reposición. Tras las fuertes subas que se registraron apenas dos meses atrás, los actores de la cadena comenzaron a mostrar resistencia a convalidar nuevos valores, a pesar de que la oferta sigue siendo limitada y los precios internacionales se mantienen en niveles favorables.
Luego de las fuertes subas registradas a inicios de año, la hacienda gorda y la reposición muestran una fase de corrección. El límite impuesto por el consumo interno y la pérdida de competitividad exportadora marcan el pulso de una plaza que apuesta a la retención de vientres.
El mercado ganadero local atraviesa una etapa de búsqueda de un nuevo equilibrio de precios, caracterizada por una marcada cautela tanto en la hacienda gorda como en la reposición. Tras las fuertes subas que se registraron apenas dos meses atrás, los actores de la cadena comenzaron a mostrar resistencia a convalidar nuevos valores, a pesar de que la oferta sigue siendo limitada y los precios internacionales se mantienen en niveles favorables.
El techo del consumo y la corrección de precios
La tendencia alcista que se observó desde la segunda mitad del año pasado tuvo su punto máximo entre octubre de 2025 y febrero de este año. En ese período, los novillos alcanzaron máximos históricos con subas del 28% en términos constantes, mientras que los novillitos y vaquillonas treparon un 32% y 33%, respectivamente.
Sin embargo, a contramano de lo que dicta la estacionalidad —donde marzo y abril suelen ser meses de subas por una mayor fluidez de la demanda—, este año el ajuste se anticipó a febrero con una magnitud que el consumo doméstico no logró absorber. En el primer trimestre, el precio del gordo acumuló un alza nominal del 11%, superando la inflación mayorista del 6,2%. Ante niveles de consumo deprimidos, el margen para nuevos incrementos en el corto plazo resulta extremadamente acotado.
Como consecuencia, en marzo y los primeros veinte días de abril se inició una corrección: los novillos retrocedieron un 9%, mientras que los novillitos y vaquillonas bajaron un 6%.
Desafíos para la exportación
El sector exportador, que habitualmente actúa como sostén ante la debilidad del mercado interno, tampoco encuentra condiciones para convalidar precios más altos. Aunque los valores internacionales están firmes, la rentabilidad del exportador se ve afectada por el aumento del costo de la hacienda y un tipo de cambio oficial que se ha apreciado, retrocediendo más de un 5% en el primer trimestre. En ese mismo período, el novillo pesado subió un 9%, frente a una inflación en pesos del 9,4%, lo que deteriora la ecuación económica del sector.
Cautela en la reposición y señales de retención
En el segmento de la invernada también predomina la moderación. El Índice Ternero ROSGAN registró en abril su primera caída mensual del 6%, ubicándose en $6.410, tras haber subido un 19% nominal en los primeros tres meses del año. A pesar de esta baja, los valores reales siguen siendo elevados, situándose un 76% por encima del promedio histórico desde 2010.
Un dato clave que explica el comportamiento del mercado es la menor oferta de terneros. En el primer trimestre salieron de los campos de cría unos 2 millones de cabezas, lo que representa 400 mil menos que el año anterior. Esta baja del 17% en la oferta total de terneros sugiere una clara estrategia de retención por parte del criador.
Gracias a que el criador obtiene hoy un 42% más de ingresos por cada jaula vendida que hace un año, puede alcanzar una rentabilidad similar vendiendo un 30% menos de hacienda. Esto le permite generar un excedente de fondos para apostar a la recría y, fundamentalmente, a la reposición de vientres. La señal más contundente de este proceso es la caída del 30% en la oferta de vaquillonas, una categoría que incluso ha llegado a estar ausente en recientes subastas, reflejando la decisión del productor de preservar la hacienda en el campo.
Fuente: Rosgan











