En un contexto donde la demanda de aceites saludables crece a nivel global, Zeta Semillas, una empresa con capitales 100% argentinos, se posiciona como un actor clave en la transformación del cultivo de girasol. Tras 20 años de trayectoria en el sector de investigación y desarrollo (I+D), la firma encara la nueva campaña con el lanzamiento de dos materiales de punta: los híbridos ZT 74H78 CL y ZT 7677 CL AO.
Con dos décadas de inversión en investigación y desarrollo, el semillero nacional lanza nuevos híbridos que combinan máximo rendimiento y estabilidad sanitaria para competir de igual a igual con las multinacionales en un sector en plena expansión.
En un contexto donde la demanda de aceites saludables crece a nivel global, Zeta Semillas, una empresa con capitales 100% argentinos, se posiciona como un actor clave en la transformación del cultivo de girasol. Tras 20 años de trayectoria en el sector de investigación y desarrollo (I+D), la firma encara la nueva campaña con el lanzamiento de dos materiales de punta: los híbridos ZT 74H78 CL y ZT 7677 CL AO.
Innovación local con estándares globales
La identidad de Zeta Semillas está profundamente ligada a las especialidades. Según explica Santiago Zapiola (h), gerente comercial de la compañía, el segmento de Alto Oleico ha traccionado con fuerza la demanda en las últimas dos campañas, lo que motivó el lanzamiento de estos nuevos materiales diseñados para ofrecer soluciones adaptadas a la realidad productiva local.
Estos híbridos no solo representan un salto en el rendimiento a campo, sino que también han demostrado una evolución significativa en materia grasa y sanidad. Los ensayos realizados en ambientes de alta competitividad arrojaron resultados sobresalientes, confirmando que la genética argentina está a la altura de los estándares internacionales más exigentes.
Sanidad y estabilidad: claves del negocio
Uno de los pilares del programa de mejoramiento de la empresa es el uso de marcadores moleculares, lo que les ha permitido «apilar genes» para fortalecer la protección sanitaria frente a diversas enfermedades. Esta robustez es fundamental para enfrentar la variabilidad climática actual.
Además de la productividad, la empresa pone el foco en la estabilidad del perfil oleico, un atributo crítico para la comercialización. «Nuestra prioridad es llevar seguridad a un negocio que es mucho más que rendimiento y grasa; se trata de cumplir con un estándar de calidad que garantiza que la mercadería no tenga trabas», sostiene Zapiola.
El girasol recupera su protagonismo
El escenario para el girasol en Argentina es sumamente optimista. El cultivo ha mostrado una notable expansión, pasando de 1,6 a 2,7 millones de hectáreas en la última campaña. Desde Zeta Semillas ven esta tendencia como una oportunidad para recuperar el lugar histórico de Argentina en el podio mundial, aspirando a alcanzar nuevamente las 4 millones de hectáreas.
La estrategia de la firma nacional es clara: consolidar su presencia en todo el portafolio —incluyendo girasol convencional, confitero y estriado— y competir codo a codo con las mejores opciones del mercado.
Orgullo nacional en el campo
Para los directivos de Zeta, competir frente a grandes corporaciones globales siendo un semillero local es un motivo de orgullo. La cercanía con el productor y el conocimiento profundo de los suelos y climas del país son las ventajas competitivas que respaldan su evolución.
Con la mirada puesta en el futuro, la empresa reafirma su compromiso con la generación de información sólida y el desarrollo genético local. «Estamos muy conformes con lo que viene sucediendo con el girasol y confiamos en que esta tendencia continúe para recuperar nuestro lugar en el mundo», concluye Zapiola.











