La falta de lluvias en el sur provincial condiciona los rendimientos de la campaña estival. Según un informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, se estima una caída de 3 millones de toneladas respecto al ciclo anterior, mientras el maíz y el girasol logran sostenerse gracias a un aumento en la superficie sembrada.
La falta de lluvias en el sur provincial condiciona los rendimientos de la campaña estival. Según el informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, se estima una caída en la producción de 3 millones de toneladas respecto al ciclo anterior, mientras el maíz y el girasol logran sostenerse gracias a un aumento en la superficie sembrada.
La provincia de Córdoba atraviesa una campaña agrícola caracterizada por una marcada brecha hídrica entre sus regiones. Según la primera estimación de producción de cultivos estivales, se proyecta un volumen total de 31,2 millones de toneladas (Mt), lo que representa una disminución de 3 millones de toneladas en comparación con la campaña pasada.
Esta caída responde principalmente a la dinámica de las lluvias, que resultaron más escasas en el sur que en el norte provincial durante los últimos meses. Debido a que el sur concentra la mayor proporción del área sembrada de cereales, el déficit hídrico en esa región —coincidente con etapas críticas de los cultivos— ha arrastrado hacia abajo el promedio de rendimiento provincial.
El panorama por cultivo
El informe técnico revela realidades contrastantes según el tipo de grano:
• Maíz y Girasol: A pesar de los menores rendimientos, ambos cultivos presentan un leve incremento interanual en la producción total. Esto se explica por una expansión del área implantada que compensa la pérdida de potencial individual de las plantas.
• Soja, Maní y Sorgo: Este grupo registra una caída tanto en la producción respecto al ciclo previo como frente al promedio histórico. La soja, en particular, mostró variaciones negativas de rinde en casi toda la provincia, con la única excepción de los lotes tempranos en el norte.
• Girasol: Es el único cultivo con un avance de cosecha significativo, alcanzando ya el 22 % de la superficie, más del doble de lo habitual para esta época del año.
Estrés hídrico y cambio de destino
La rigurosidad del clima ha forzado a los productores a tomar decisiones estratégicas. Ante el deterioro de los lotes por la sequía, una parte considerable de la superficie originalmente destinada a grano se ha redireccionado al consumo forrajero: el 14 % del maíz y el 36 % del sorgo tendrán este fin.
Además, se ha reportado un incremento significativo de cultivos en estado «regular» y «malo» debido al estrés hídrico y térmico. Esta situación de debilidad sanitaria ha favorecido la aparición de plagas como la arañuela roja y los trips en la soja y el maní, insectos que suelen proliferar en escenarios de sequía. En el caso del maíz, aunque la presencia de la «chicharrita» es actualmente baja, las autoridades recomiendan mantener el monitoreo ante un posible aumento en el norte provincial.
La mirada puesta en febrero
A pesar de las lluvias registradas en los primeros días de febrero, que trajeron un alivio momentáneo al sur, la incertidumbre entre los colaboradores sigue siendo elevada. El informe advierte que la evolución de las precipitaciones durante el resto del mes será determinante para sostener los niveles actuales de rendimiento, especialmente para la soja temprana, el maní, el sorgo y el maíz tardío, que se encuentran transitando sus periodos críticos de definición.

Fuente: Bolsa de Cereales de Córdoba











