Camas biológicas: La innovación que revoluciona la gestión de residuos en el campo argentino

A través de una alianza entre ciencia y sustentabilidad, esta tecnología impulsada por BASF permite degradar hasta el 99% de los residuos fitosanitarios, protegiendo napas y suelos bajo un modelo de producción responsable.

En el corazón del sector agropecuario argentino, la protección de los recursos naturales se ha vuelto una prioridad absoluta. En este contexto, surge la implementación de camas biológicas, una solución diseñada para el tratamiento biológico del agua proveniente del lavado de máquinas pulverizadoras y de tratamiento de semillas. Esta tecnología no solo busca la eficiencia operativa, sino que aborda un problema crítico: la contaminación puntual, responsable de más del 50% de los casos de contaminación de aguas superficiales y subsuperficiales por fitosanitarios.

Ciencia al servicio del suelo

Las camas biológicas funcionan como sistemas de retención y degradación microbiológica. Según los datos técnicos, estas estructuras pueden degradar hasta el 99% de los residuos en un periodo de entre 30 y 60 días. El proceso es sumamente eficiente: herbicidas, insecticidas y fungicidas logran una degradación superior al 80% en menos de 45 días. Un caso destacado es el del glifosato, cuya eliminación puede alcanzar casi el 100% en apenas cuatro días gracias a la acción de enzimas específicas como la Manganeso Peroxidasa.

Un cambio de paradigma institucional

La adopción de esta herramienta ha ganado tracción mediante alianzas estratégico-científicas. Recientemente, se instaló una cama biológica en la Facultad de Agronomía de Balcarce / INTA, bajo la premisa de impulsar un «cambio de paradigma en la sanidad vegetal». El Ing. Martin Guillermo Carrara, consultor en BASF, enfatiza que trabajar con entidades públicas permite «perfeccionar la propuesta y acercar soluciones concretas al productor».

Actualmente, Argentina cuenta con más de 75 camas biológicas operativas, distribuidas principalmente en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Esta expansión se apoya en la simplicidad del sistema, que permite procesar entre 800 y 1.200 litros de líquidos residuales por año por cada m³ de biomezcla, cumpliendo con la Norma IRAM 29.561/2020.

Sustentabilidad y largo plazo

Más allá de su capacidad de limpieza, la tecnología destaca por su bajo costo operativo y su extensa vida útil, que oscila entre los 3 y 5 años, pudiendo llegar a 8 años con un manejo adecuado. Una vez que la biomezcla se agota, no se convierte en un residuo, sino que puede ser utilizada como enmienda orgánica tras seis meses de estabilización, cerrando así un ciclo productivo circular y sustentable.

Esta iniciativa no solo responde a una necesidad ambiental, sino que fortalece la imagen del productor moderno y su compromiso con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), posicionando al agro argentino a la vanguardia de la innovación responsable.