Desde 2013, la producción de olivo en el país enfrenta una amenaza sin cura que obstruye el crecimiento de las plantas. Hoy, científicos locales del INTA CIAP trabajan con tecnología satelital y lotes centinela para mitigar el impacto en regiones clave como La Rioja y Córdoba.
Desde el año 2022, Argentina forma parte del proyecto internacional junto a investigadores de países europeos , en una iniciativa que busca estrategias integrales para mitigar el avance de la bacteria Xylella fastidiosa. Esta red de colaboración cuenta con la participación de países latinoamericanos como Brasil y Costa Rica, además de naciones europeas como Italia, España y Francia. La investigadora Patricia Tolocka señala que el objetivo primordial es hallar un manejo para esta bacteria que, hasta el momento, no tiene cura y afecta gravemente a las plantaciones de olivo.
Un enemigo silencioso en los vasos de la planta
Según explicó la Ing. Tolocka, «la problemática no es nueva, pero su gravedad ha escalado desde que fue detectada en 2013 en la región de Aimogasta, provincia de La Rioja, que se considera el foco principal de la infección en el país,. La bacteria actúa provocando el taponamiento de los vasos de conducción del xilema, lo que impide que la planta absorba agua y nutrientes adecuadamente».
Este proceso deriva en un marchitamiento progresivo que comienza por sectores en la copa y termina debilitando al ejemplar hasta su muerte, especialmente en variedades muy susceptibles como la Arauco. «En casos graves, plantas de más de 50 años han muerto en un plazo de uno a dos años, lo que ha llevado a muchos productores a abandonar sus lotes debido a las mermas productivas», aseguró la profesional a MundoAgro.
Formas de contagio y la importancia del diagnóstico
La dispersión de la Xylella fastidiosa se produce principalmente de dos maneras:
1. Insectos vectores: Las «chicharritas» (hemípteros) transmiten la bacteria al picar una planta infectada y luego otra sana.
2. Material de propagación: El uso de estacas o plantines infectados sin diagnóstico previo.
Tolocka enfatizó que es fundamental contar con material certificado y sanidad controlada, advirtiendo que, aunque existe legislación en Aimogasta, muchos viveristas aún no la cumplen a rajatabla. «El control y relevamiento de la bacteria se realiza en conjunto con el SENASA para determinar el alcance de su dispersión».
Hacia un manejo integrado y tecnológico
Dado que no existe un tratamiento químico efectivo, las recomendaciones actuales se centran en la convivencia con la bacteria. Esto incluye mejorar la fertilización y el riego, además de realizar podas sanitarias para eliminar ramas secas que puedan servir de foco de infección.
Según explicó Patricia Tolocka, «la estrategia a largo plazo, en la que se trabaja intensamente con España, es la búsqueda de variedades tolerantes. En octubre de 2024, se implantó un lote centinela en Aimogasta con diversas variedades de olivo y almendro para evaluar su respuesta frente a la bacteria y al hongo Verticillium dahliae, otro patógeno que complica el panorama».
Según explicó la investigadora del INTA Ciap, «además, se están utilizando imágenes satelitales y teledetección para diferenciar las plantas enfermas de aquellas que simplemente sufren estrés hídrico. Este modelo, desarrollado con investigadores españoles, permite identificar focos incipientes para aplicar medidas de exclusión y erradicación antes de que la enfermedad se propague por toda la plantación».





