Un fuerte choque térmico provocó precipitaciones de hasta 100 mm en la última semana, marcando un punto de quiebre para la sequía. Sin embargo, la violencia del viento y el granizo afectó a 400.000 hectáreas, dejando un panorama dispar entre la recuperación de los cultivos y pérdidas irreversibles.
Un fuerte choque térmico provocó precipitaciones de hasta 100 mm en la última semana, marcando un punto de quiebre para la sequía. Sin embargo, la violencia del viento y el granizo afectó a 400.000 hectáreas, dejando un panorama dispar entre la recuperación de los cultivos y pérdidas irreversibles.
La región agrícola atraviesa un punto de inflexión en su régimen hídrico tras registrar un promedio de 64 mm de lluvia en apenas siete días. Este cambio atmosférico se produjo cuando el sistema de alta presión que bloqueaba las precipitaciones se desplazó hacia el este, permitiendo el ingreso de aire cálido y húmedo del norte que chocó violentamente con una masa de aire frío proveniente de la Patagonia. El resultado fue una serie de tormentas de gran intensidad con fuertes vientos y caída de granizo que afectaron una extensa área.
El impacto del temporal: agua y destrucción
Si bien el acumulado de agua fue significativo, con registros que superaron los 80 mm en localidades cordobesas como Idiazábal (98 mm), Bengolea (87 mm) y Bell Ville (84 mm), y alcanzaron los 90 mm en Montes de Oca (Santa Fe), la violencia del fenómeno se ensañó con un sector específico. Un núcleo crítico de 400.000 hectáreas, ubicado entre el centro-sur santafesino y el sudeste cordobés, sufrió los mayores daños.
En el corredor que se extiende desde Armstrong, Tortugas y General Roca hasta Inriville, los informes técnicos describen un escenario preocupante:
• En soja: Se observa una fuerte defoliación y caída de vainas.
• En maíz: Hay reportes de desgrane, pérdida de espigas y quebrado de plantas.
• En los casos más extremos, el granizo «barrió» por completo los lotes.
La soja de primera busca recuperarse
Para la soja de primera, las lluvias han llegado a tiempo para detener el deterioro del cultivo, aunque en muchas zonas el agua arribó tarde para revertir los daños potenciales de rinde, que ya muestran caídas de hasta el 40%. No obstante, el panorama general ha mejorado: los cuadros en condiciones regulares a malas bajaron del 12% al 5%, mientras que un 65% del área se reparte entre condiciones «muy buenas» y «excelentes».
En zonas como Totoras, se esperan rendimientos cercanos a los 40 qq/ha, mientras que en localidades como Acebal o Sanford, los techos productivos se sitúan ahora entre los 30 y 35 qq/ha, dependiendo de cómo evolucione el llenado de grano en las próximas semanas.
La soja de segunda, al límite
La situación es mucho más dramática para la soja de segunda. Antes de estas tormentas, la región ya contabilizaba 71.000 hectáreas perdidas debido a la sequía. Aunque el agua pone un freno a esa cifra, para muchos lotes el auxilio llegó tarde. Los técnicos advierten que el cultivo presenta plantas envejecidas, entrenudos cortos y un secado parcial que difícilmente permita superar rindes de 25 qq/ha en los mejores escenarios, con pisos que caen hasta los 15 qq/ha en áreas como Corral de Bustos.
La magnitud final de las pérdidas por el granizo y el viento comenzará a dimensionarse en los próximos días, una vez que los caminos anegados permitan el ingreso de los ingenieros a los campos afectados. Por ahora, la inestabilidad persiste y se espera que continúe sumando milímetros a una región que pasó, sin escalas, de la sed extrema a la contingencia climática.
Fyente: GEA. Guía Estratégica para el Agro. BCR









