En el marco de la reciente jornada CREA, el Ing. Agr. Jorge Fraschina, especialista del INTA Marcos Juárez, compartió una visión profunda sobre lo que dejó la última cosecha de trigo. Lejos de calificarla simplemente como una «muy buena» temporada, el experto fue categórico al definirla como una «campaña de trigo histórica» por su volumen, aunque reconoció que dejó importantes enseñanzas en materia de manejo y calidad.
El Ing. Agr. Jorge Fraschina (INTA Marcos Juárez) analiza el impacto de un ciclo agrícola atípico donde las lluvias excepcionales impulsaron la producción, pero la falta de fertilización nitrogenada afectó los parámetros proteicos necesarios para la industria.
En el marco de la reciente Jornada de Actualización Técnica CREA Córdoba Norte, el Ing. Agr. Jorge Fraschina, especialista del INTA Marcos Juárez, compartió una visión profunda sobre lo que dejó la última cosecha de trigo. Lejos de calificarla simplemente como una «muy buena» temporada, el experto fue categórico al definirla como una «campaña de trigo histórica» por su volumen, aunque reconoció que dejó importantes enseñanzas en materia de manejo y calidad.
Un escenario climático atípico
Según Fraschina, «el éxito productivo se cimentó en condiciones agroclimáticas excepcionales que transformaron el mapa triguero». Para el especialista, «la zona norte de Córdoba alcanzó niveles productivos similares a los de Marcos Juárez, mientras que esta última se asemejó al sudeste de Buenos Aires. Las lluvias de agosto y septiembre fueron históricas, permitiendo que el cultivo se comportara prácticamente como un trigo bajo riego en toda la zona central y norte del país».
«Antes de la siembra, muchos suelos ya presentaban una recarga de agua en el perfil superior a los 200 milímetros, llegando en algunos casos a los 280 milímetros. Este almacenamiento de agua fue la clave que el trigo supo transformar en rendimientos espectaculares», explicó.
El dilema de la proteína y la fertilización
Sin embargo, el volumen récord tuvo un contrapunto: la calidad. «El sector molinero y los productores enfrentaron complicaciones debido a bajos niveles de proteína, que en ciertos casos cayeron a rangos de entre el 7% y el 8%».
Fraschina explicó que este fenómeno ocurrió porque nadie previó la magnitud de la respuesta del cultivo ante las lluvias. «Nadie fertilizó en su momento como para abastecer el nitrógeno que necesitaba el cultivo», señaló el ingeniero, aclarando que los productores suelen suplementar para expectativas de rendimiento de 2.500 a 3.000 kilos. Al superarse ampliamente esas metas sin el refuerzo nutricional adecuado, el grano no logró concentrar la proteína panificable necesaria.
A pesar de los descuentos sufridos por la baja calidad, el especialista destacó que #los rendimientos extraordinarios lograron compensar con creces los castigos económicos«.
Confianza y tecnología: las claves a futuro
Para el técnico del INTA, la principal enseñanza es «tenerle confianza al cultivo de trigo». Fraschina enfatizó que, cuando existe agua almacenada en el suelo, el productor debe animarse a mejorar la tecnología de fertilización para aprovechar ese recurso. Incluso un aporte mínimo de 20 a 25 unidades de nitrógeno puede mejorar significativamente el aprovechamiento del agua y la calidad final.
Asimismo, el ingeniero reivindicó el rol del trigo frente a otros cultivos de servicio. Destacó que, para aportar materia orgánica en los primeros 40 centímetros del suelo y mejorar la infiltración, «no hay otro cultivo como el trigo», incluso si las expectativas de rendimiento son bajas.
En su exposición ante los productores CREA, Fraschina dejó un mensaje hacia adelante; «el desafío planteado es ajustar la eficiencia en el uso de recursos costosos como el agua y el nitrógeno, este último particularmente afectado por el contexto internacional y los costos derivados de la guerra». Según Fraschina, ajustar el manejo del nitrógeno no es solo una cuestión de rinde, sino la única vía para evitar descuentos comerciales y cumplir con las exigencias de la molinería.









