A pesar de los recientes registros de precipitaciones, los niveles freáticos mantienen una tendencia persistente a la baja. El trabajo de Omixom revela que la combinación de déficit hídrico previo y altas temperaturas impide que el agua penetre en profundidad, desafiando las expectativas del sector productivo. Los datos relevados por la empresa Omixom en el
A pesar de los recientes registros de precipitaciones, los niveles freáticos mantienen una tendencia persistente a la baja. El trabajo de Omixom revela que la combinación de déficit hídrico previo y altas temperaturas impide que el agua penetre en profundidad, desafiando las expectativas del sector productivo.
Los datos relevados por la empresa Omixom en el sur y sudeste de la provincia de Córdoba han encendido una señal de alerta: la relación directa que se suele trazar entre lluvia y recuperación de reservas hídricas no se está cumpliendo. Según el análisis de estaciones estratégicas que integran la medición de precipitaciones, temperatura y nivel freático, se observa un patrón donde las lluvias no logran traducirse en una recarga efectiva de las napas.
Un sistema complejo y sediento
Este fenómeno responde a un funcionamiento integral del sistema hídrico que es más complejo de lo que parece a simple vista. En primer lugar, la región arrastra un déficit hídrico prolongado, lo que provoca que el suelo absorba inicialmente la mayor parte del agua caída para recomponer su propia humedad, limitando y ralentizando la recarga profunda hacia la napa.
A este factor se suma el impacto de las elevadas temperaturas medias, las cuales incrementan la demanda atmosférica de agua. Como consecuencia, una parte significativa del aporte de las lluvias es rápidamente devuelta a la atmósfera mediante procesos de evaporación y evapotranspiración, reduciendo la infiltración. Además, la intensidad y distribución de las lluvias juegan un rol crítico: eventos aislados, por más intensos que sean, rara vez generan una recuperación sostenida del sistema subterráneo. Como bien sintetiza el informe: «no toda el agua que cae, queda».
Información para decidir en el campo
La profundidad de la napa no es solo un dato geológico, sino una variable fundamental para la estabilidad productiva. El Ing. Agr. Facundo Lagos, gerente de producción del Grupo Lagos y miembro de CREA Carnerillo, explica que estos niveles determinan la estrategia a seguir: «cuando la napa se encuentra cercana al suelo, se considera la posibilidad de realizar un doble cultivo o implantar uno de servicio. En tanto; si está muy abajo, se puede hacer un planteo más defensivo»,.
Contar con datos continuos y territorialmente distribuidos permite no solo observar el presente, sino anticipar escenarios y determinar la disponibilidad de agua de libre uso. En este sentido, el diferencial tecnológico radica en transformar datos dispersos en información útil para que productores y gestores tomen decisiones basadas en evidencia.
Entender para gestionar
Desde Omixom subrayan que el valor real reside en la integración de variables: lluvias, temperaturas y napas leídas en conjunto para comprender la dinámica real del sistema. El Ing. Federico Ferraro destaca que el enfoque no es ofrecer recetas fijas, sino poner a disposición herramientas confiables y en tiempo real para que cada profesional las aplique según su realidad territorial.
La enseñanza que dejan estos resultados es clara: más lluvia no significa necesariamente más agua disponible en profundidad. Ante este escenario, avanzar en redes de monitoreo y en el uso inteligente de la información se vuelve una prioridad para la gestión sostenible del recurso hídrico, entendiendo que medir es el primer paso para decidir con eficiencia.










