La integración de los nuevos fenotipos —indicadores de rendimiento medibles como la temperatura ruminal y el comportamiento de ingesta de agua— promete elevar significativamente la precisión de estos índices. Esta sinergia entre científicos animales y expertos en datos no solo busca salvaguardar la rentabilidad del negocio manteniendo el rendimiento productivo en meses cálidos, sino también garantizar el bienestar y el confort de la vaca ante el desafío del cambio climático.
El programa australiano Dairy UP integra sensores de temperatura ruminal e inteligencia artificial para identificar ganado resiliente al calor, optimizando la producción y el bienestar animal en un entorno de temperaturas crecientes.
La industria láctea australiana está atravesando una transformación digital sin precedentes gracias al proyecto P6 de Dairy UP, una iniciativa que busca convertir grandes volúmenes de datos en herramientas críticas para la toma de decisiones en el tambo. Bajo la premisa de crear «vacas inteligentes», este programa de colaboración —liderado por la Fundación de Investigación Láctea de la Universidad de Sídney— utiliza sensores avanzados y ciencia de datos para monitorear el ganado y mitigar los efectos del estrés por calor.
Sensores en tiempo real: el pulso de la resiliencia
Uno de los pilares del proyecto es el uso de tecnología de sensores innovadora para medir la temperatura central del cuerpo de los animales. En la investigación participaron 1429 animales equipados con bolos retículo-ruminales, dispositivos que registran la temperatura interna cada 10 minutos, las 24 horas del día.
Este monitoreo constante ha revelado hallazgos sorprendentes sobre los límites de tolerancia del ganado. Mientras que tradicionalmente se recomendaba prepararse para el estrés por calor a partir de un Índice de Temperatura y Humedad (THI) de 70, los sensores demostraron que la temperatura corporal de las vacas comienza a aumentar a los 67 THI, mucho antes de lo que se pensaba anteriormente. Además, se confirmó que el comportamiento al beber es un indicador fiable de la capacidad de un animal para lidiar con el calor; aquellas vacas que beben con más frecuencia bajo estrés térmico logran mantener mejor su producción de leche.
Inteligencia Artificial aplicada al tambo
El avance no se detiene en la recolección de datos. El equipo de Dairy UP ha desarrollado un modelo híbrido basado en inteligencia artificial (HAIM) que combina el aprendizaje de máquinas con modelos estadísticos tradicionales y 20 años de registros climáticos.
Este modelo ha demostrado ser superior a los métodos convencionales, logrando identificar un 8% más de vacas tolerantes al calor que antes pasaban desapercibidas. Al detectar estas relaciones intrincadas dentro de los datos, el HAIM proporciona una mayor precisión en la evaluación de la resiliencia animal.
Hacia una genética más confiable
El objetivo final de estos esfuerzos es mejorar la Tolerancia al Calor ABV (Valor de Cría Australiana), una herramienta que permite a los tamberos seleccionar y cruzar animales más resistentes. Actualmente, este valor tiene una fiabilidad relativa por basarse únicamente en datos genómicos.
La integración de los nuevos fenotipos —indicadores de rendimiento medibles como la temperatura ruminal y el comportamiento de ingesta de agua— promete elevar significativamente la precisión de estos índices. Esta sinergia entre científicos animales y expertos en datos no solo busca salvaguardar la rentabilidad del negocio manteniendo el rendimiento productivo en meses cálidos, sino también garantizar el bienestar y el confort de la vaca ante el desafío del cambio climático.
Fuente: TodoLáctea









