La industria lechera se encuentra en un punto de inflexión donde la eficiencia genética y la calidad composicional de la leche son los pilares de la sostenibilidad económica. Durante las recientes Jornadas Lecheras Nacionales de TodoLáctea, expertos como Albert De Vries y Enrique Schcolnik coincidieron en que la toma de decisiones basada en datos y el manejo estratégico son fundamentales para superar los márgenes ajustados del sector,.
En el marco de las Jornadas Lecheras Nacionales, especialistas internacionales destacaron cómo la implementación del sistema «Beef on Dairy» y la maximización de componentes como grasa y proteína están redefiniendo la rentabilidad de los tambos modernos.
La industria lechera se encuentra en un punto de inflexión donde la eficiencia genética y la calidad composicional de la leche son los pilares de la sostenibilidad económica. Durante las recientes Jornadas Lecheras Nacionales de TodoLáctea, expertos como Albert De Vries y Enrique Schcolnik coincidieron en que la toma de decisiones basada en datos y el manejo estratégico son fundamentales para superar los márgenes ajustados del sector,.
Beef on Dairy: Diversificación y valor agregado
Una de las tendencias más fuertes discutidas fue el concepto de «Beef on Dairy». Según el Dr. Albert De Vries, experto de la Universidad de Florida, la genómica ha permitido a los productores identificar con mayor precisión qué vacas deben ser reemplazadas para mantener la productividad.
El sistema propone inseminar a las vacas de menor mérito genético con razas de carne, lo que permite mejorar el valor de los terneros y diversificar los ingresos. Mientras que en Estados Unidos el valor de estos cruces ya está equiparado al de las razas puras de carne en los feedlots, en Argentina la industria aún está en un proceso de aprendizaje sobre el potencial comercial de estos animales. De Vries destaca que estos terneros cruzados suelen tener mejores resultados en la recría en comparación con los Holando puros.
Sin embargo, el éxito de esta estrategia no es universal y depende de factores como los costos de alimentación, la demanda de carne y la capacidad de gestión de cada establecimiento. Por ello, la recomendación principal es el asesoramiento profesional para adaptar la técnica a las necesidades específicas de cada productor.
Maximizando sólidos: La nutrición como motor del negocio
Por otro lado, la calidad de la leche, medida a través de sus componentes (grasa y proteína), se ha consolidado como un eje central de rentabilidad. Enrique Schcolnik, técnico de Progressive Dairy Solutions, explicó que cuando existe un incentivo económico por calidad, toda la industria responde. Tomando como ejemplo el modelo de California, Schcolnik señaló que los pagos extra por mejores resultados en componentes pueden elevar el valor de la leche significativamente, alcanzando promedios de hasta 4,4% en grasa y 3,3% en proteína.
La clave para alcanzar estos niveles reside en la nutrición ruminal. Schcolnik advierte que para maximizar los sólidos es necesario «levantar la energía en el rumen». Un punto crítico es el manejo de las grasas vegetales (como las provenientes de la burlanda, soja o canola), ya que un exceso de grasas no saturadas puede afectar la producción de sólidos debido a una biohidrogenación incompleta.
Hacia una gestión integral
El mensaje final para los productores es claro: el futuro del tambo depende de una dieta balanceada en carbohidratos, fibra efectiva y forrajes de alta digestibilidad, pero también de un suministro constante de alimento y el uso de tecnologías disponibles para disminuir factores negativos. La combinación de una genética inteligente y una nutrición orientada a componentes parece ser la fórmula para asegurar la viabilidad del negocio en un escenario global cada vez más competitivo.












