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Revolución en el tambo: el «Beef on Dairy» transforma la lechería en una potente fábrica de carne

Revolución en el tambo: el «Beef on Dairy» transforma la lechería en una potente fábrica de carne

Santiago de Bernardi, CEO de Select de Bernardi, analiza cómo la combinación de genómica y semen sexado está permitiendo a los productores lácteos maximizar su rentabilidad y responder a una demanda mundial de carne en constante crecimiento. El sector agropecuario global está siendo testigo de una transformación denominada «Beef on Dairy» (carne sobre leche), una

Santiago de Bernardi, CEO de Select de Bernardi, analiza cómo la combinación de genómica y semen sexado está permitiendo a los productores lácteos maximizar su rentabilidad y responder a una demanda mundial de carne en constante crecimiento.

El sector agropecuario global está siendo testigo de una transformación denominada «Beef on Dairy» (carne sobre leche), una tendencia que consiste en el uso de semen de razas cárnicas en rodeos lecheros. Esta práctica, que ya es una realidad consolidada en Estados Unidos y Europa, está comenzando a dar sus primeros pasos en Argentina, prometiendo alterar la dinámica económica de los tambos tradicionales. El tema ocupó un lugar importante en la agenda de TodoLáctea 2026 donde Santiago de Bernardo analizó la tendencia junto a Lorna Marshall, vicepresidenta de Beef Genetics de Select Sires Inc. (EE.UU.), una de las mayores referentes mundiales en el tema.

El motor tecnológico: Genómica y semen sexado

Según explica el médico veterinario Santiago de Bernardi, esta revolución no es casual, sino el resultado de la convergencia de herramientas tecnológicas clave: el semen sexado y la genómica. La genómica permite conocer el potencial genético de un animal con apenas un día de vida mediante una muestra de pelo o tejido de la oreja.

Esta información es crucial porque permite identificar a las mejores y peores vacas del rodeo. «Si ya sabés cuál es tu vaca que te va a dar más rentabilidad, que va a vivir más y se va a preñar mejor, vas a querer hacer tu reposición de ahí», señala de Bernardi. Con el semen sexado, el productor asegura sus futuras madres utilizando a sus mejores ejemplares, mientras que al resto del rodeo —las vacas de menor valor genético para la leche— se les asigna semen de carne para producir terneros destinados al mercado cárnico.

Un negocio de alto valor

La motivación económica es contundente. En mercados como el estadounidense, un ternero nacido de este cruce puede valer hasta 1.600 dólares recién nacido, una cifra impensada hace pocos años. Esta estrategia permite a los tamberos enfocarse en la crianza de sus mejores hembras y obtener un ingreso extra significativo por los terneros excedentes que, de otro modo, tendrían poco valor de mercado.

En Argentina, la tendencia cobra fuerza debido a que el mercado de vaquillonas Holando está «muy duro» y los precios de venta a veces no cubren los costos de producción. El Beef on Dairy aparece como una solución para valorizar esos nacimientos y conseguir compradores interesados en animales con aptitud carnicera.

Desafíos y adaptación local

A pesar del entusiasmo, de Bernardi advierte que para calificar en este sistema el productor debe cumplir con ciertos estándares: es fundamental tener excedentes de terneros, buenos índices de sanidad y, por sobre todo, genotipar el rodeo. «Usar carne sin saber cuáles son las buenas y cuáles son las malas no tiene sentido», enfatiza.

Uno de los mayores retos para Argentina es no replicar ciegamente el modelo estadounidense. Mientras que en EE.UU. se buscan novillos de hasta 800 kilos mediante cruzas de Angus negro con Holando, en nuestro país ese mercado no existe. «No hay que ir por un animal americano de súper crecimiento porque no es lo que nosotros precisamos», advierte el experto, señalando que la industria local requiere un biotipo distinto que se adapte a los sistemas de engorde nacionales.

Finalmente, el manejo nutricional de estos animales cruza también exige cambios: requieren dietas menos proteicas y más energéticas para lograr un engrasamiento adecuado, algo en lo que el Holando puro suele fallar. La integración de la genética de carne en la lechería parece ser un camino sin retorno que redefine el negocio del tambo, convirtiéndolo en un actor clave de la cadena cárnica global.

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