En la actual campaña agrícola, una vieja plaga ha encendido las alarmas entre los productores del departamento de Río Primero y zonas aledañas como Montecristo y Piquillín: el picudo de la soja. Aunque por el momento se reportan poblaciones bajas en lotes específicos, el daño en las vainas ya es evidente en algunos sectores, donde se observa a la larva consumiendo directamente el grano. El tema fue abordado en la Jornada del INTA Río Primero en Montecristo.
El asesor técnico Marcelo Scarzello advierte sobre la presencia de este insecto en varias localidades del departamento. El monitoreo constante, la rotación de cultivos y la limpieza de maquinaria se presentan como las herramientas fundamentales para evitar pérdidas de rendimiento.
En la actual campaña agrícola, una vieja plaga ha encendido las alarmas entre los productores del departamento de Río Primero y zonas aledañas como Montecristo y Piquillín: el picudo de la soja. Aunque por el momento se reportan poblaciones bajas en lotes específicos, el daño en las vainas ya es evidente en algunos sectores, donde se observa a la larva consumiendo directamente el grano. El tema fue abordado en la Jornada del INTA Río Primero en Montecristo.
Un ciclo complejo y escurridizo
El picudo de la soja es un insecto pequeño, de unos 5 milímetros y color negruzco, cuya principal característica es que camina y no vuela. Esta particularidad hace que su expansión no sea explosiva, pero sí persistente si no se maneja adecuadamente. Según comentó a MundoAgro el Ing. Agr. Marcelo Scarzello, asesor privado y hombre del departamento Río Primero donde se ha detectado la plaga, «el gran desafío para el productor es que la plaga no nace de forma uniforme; los nacimientos ocurren en distintos «pulsos» desde noviembre hasta abril, activados principalmente por las lluvias.
«El ciclo de vida se completa en el suelo. Tras alimentarse del grano, la larva cae y se transforma en pupa, estado en el que pasa todo el invierno bajo tierra hasta la siguiente campaña». Por este motivo, Scarzello señala que «hay que estar revisando el cultivo de soja en todo el ciclo».
Estrategias de control: la rotación es la prioridad
Para los especialistas, la herramienta más eficaz contra el picudo no está en el pulverizador, sino en la planificación. «La primera estrategia es la rotación», afirma Scarzello, destacando que «el insecto no ataca al maíz, al sorgo o al girasol». Por eso destaca que «rotar cultivos permite cortar el ciclo reproductivo de la plaga de manera natural».
En cuanto al control químico, este debe enfocarse exclusivamente en el adulto, ya que una vez que la larva ingresa a la vaina, no hay solución posible. Las recomendaciones incluyen:
- Monitoreo con paño: En etapas tempranas, se recomienda el control si se detectan aproximadamente 4 adultos por metro.
- Productos: Se suelen utilizar piretroides en estadios vegetativos y productos similares a los usados para chinches en la etapa reproductiva, que es cuando se produce el daño más grave al grano.
Prevención y monitoreo invernal
Dado que el picudo se refugia en el suelo, la intervención humana es el principal factor de diseminación a largas distancias. Los terrones de tierra que quedan en las sembradoras o cosechadoras pueden transportar pupas de un lote a otro, por lo que la limpieza de la maquinaria es vital.
A pesar de que los rindes en la zona se mantienen estables, ya se han reportado pérdidas de hasta dos quintales por hectárea debido a esta plaga. Por ello, la recomendación ed Scarzello para el invierno es realizar monitoreos de suelo mediante «fositas» de 10 centímetros de profundidad para chequear la presencia de poblaciones y tomar decisiones antes de la próxima siembra. «Estamos en modo alerta para que no se nos escapen las poblaciones», le dijo el asesor a MundoAgro.

















