El sector exportador de carne vacuna en Argentina atraviesa un momento de profundas contradicciones. Por un lado, el dinamismo en términos de facturación es notable: en apenas tres meses, los ingresos superaron los USD 1.000 millones, duplicando lo obtenido en el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, este desempeño excepcional en valores no se refleja en la rentabilidad de las empresas, que operan en un terreno extremadamente ajustado debido a condicionantes internos.
Pese a que la facturación externa superó los USD 1.000 millones en el primer trimestre, la industria enfrenta una caída estructural de la oferta de hacienda y una pérdida de competitividad cambiaria que condicionan el negocio a largo plazo.
El sector exportador de carne vacuna en Argentina atraviesa un momento de profundas contradicciones. Por un lado, el dinamismo en términos de facturación es notable: en apenas tres meses, los ingresos superaron los USD 1.000 millones, duplicando lo obtenido en el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, este desempeño excepcional en valores no se refleja en la rentabilidad de las empresas, que operan en un terreno extremadamente ajustado debido a condicionantes internos.
Una recuperación parcial y condicionada
Aunque los embarques del primer trimestre alcanzaron las 200 mil toneladas, lo que representa una mejora del 17% respecto al año pasado, la cifra sigue estando un 19% por debajo de los niveles de 2024. Para los analistas, más que un crecimiento, se trata de una leve recuperación tras la fuerte retracción de ventas sufrida anteriormente.
El principal obstáculo actual es la menor disponibilidad de hacienda, una restricción que impacta directamente en el volumen exportable y limita las posibilidades de expansión del sector en el corto plazo. Esta escasez no es un fenómeno pasajero, sino que responde a una caída estructural de la oferta local con la que la industria deberá convivir durante los próximos tres a cinco años.
El factor precios y el atraso cambiario
La dinámica económica interna también juega en contra de la competitividad exportadora. Se observa un fenómeno de atraso cambiario, donde el tipo de cambio evoluciona a un ritmo menor que la inflación. Por ejemplo, mientras el tipo de cambio se mantuvo prácticamente estable a finales de 2025, el precio del novillo registró un incremento del 30% en moneda local.
En lo que va del año, esta tendencia se ha profundizado: el tipo de cambio nominal cayó un 5% en los primeros cuatro meses, frente a una inflación que solo en el primer trimestre alcanzó el 9,4%. No obstante, la falta de animales es lo que realmente sostiene los precios de la hacienda, más allá de lo que el mercado internacional puede absorber.
Hacia una industria con capacidad ociosa
El panorama productivo es alarmante. Con un stock nacional que se ha reducido en casi 700 mil cabezas, la faena debe contraerse para evitar que el rodeo siga cayendo. Las proyecciones indican que el nivel de procesamiento anual podría ser inferior a los 13 millones de animales, una cifra sensiblemente menor a los 14,5 millones faenados en 2023.
Esta situación coloca a los frigoríficos en una posición vulnerable:
- Altos costos fijos: La industria requiere niveles elevados de actividad para ser eficiente.
- Elevada ociosidad: Una faena menor a 13 millones de cabezas implica desaprovechar las importantes inversiones realizadas en los últimos años.
- Tensión de precios: El desbalance entre una oferta limitada de hacienda y una demanda industrial que necesita volumen genera un sostén adicional para los precios, encareciendo la materia prima en un contexto global ya firme.
En definitiva, la industria ganadera argentina se enfrenta al desafío de transitar años de oferta limitada e incertidumbre macroeconómica, donde la eficiencia operativa será clave para sobrevivir a un escenario de costos crecientes y stock en recomposición.
Fuente: Rosgan










