El escenario para la siembra de la cosecha fina 2026 en Argentina se presenta con una oportunidad histórica, pero también con desafíos técnicos ineludibles. En una reciente reunión de prensa, representantes de Fertilizar Asociación Civil destacaron que gran parte de las regiones productivas del país cuentan con perfiles de suelo que muestran entre un 80 y un 100% de agua útil disponible. Ante este panorama donde la humedad no será el factor limitante, la clave del éxito se ha trasladado a lo que denominan la «IA»: la ingeniería agronómica aplicada a la nutrición de los cultivos.
Expertos de Fertilizar AC advierten que, ante perfiles de suelo con máxima humedad, el éxito de la cosecha dependerá de la «ingeniería agronómica». El análisis de suelo surge como la herramienta clave para maximizar márgenes y calidad en un contexto internacional complejo.
El escenario para la siembra de la cosecha fina 2026 en Argentina se presenta con una oportunidad histórica, pero también con desafíos técnicos ineludibles. En una reciente reunión de prensa, representantes de Fertilizar Asociación Civil destacaron que gran parte de las regiones productivas del país cuentan con perfiles de suelo que muestran entre un 80 y un 100% de agua útil disponible. Ante este panorama donde la humedad no será el factor limitante, la clave del éxito se ha trasladado a lo que denominan la «IA»: la ingeniería agronómica aplicada a la nutrición de los cultivos.
La nutrición como motor de rendimiento
María Fernanda González Sanjuan y Roberto Rotondaro, directivos de Fertilizar AC, enfatizaron que cuando el recurso hídrico está garantizado, la nutrición pasa a ser el factor determinante tanto para el rendimiento como para la calidad. Sin embargo, advirtieron sobre el deterioro de las reservas de nutrientes en los suelos debido a las intensas lluvias recientes y a las sucesivas cosechas récord de ciclos anteriores, que han provocado procesos de lixiviación y una mayor extracción de minerales.
A pesar de que el diagnóstico de suelos es una herramienta estratégica para revertir esta situación, su adopción sigue siendo baja: apenas el 25% de los productores de trigo realiza análisis de suelo. Esteban Ciarlo, coordinador técnico de la entidad, subrayó que el costo de este análisis es de apenas 5 dólares por hectárea, una inversión mínima frente a los beneficios productivos que habilita.
El desafío del contexto internacional
La campaña 2026 se desarrolla bajo la sombra de la inestabilidad global generada por el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha impactado en los precios de los combustibles y fertilizantes. Aunque Argentina importa cerca del 70% de los fertilizantes que consume, Rotondaro aseguró que el abastecimiento para la siembra de fina está garantizado por el stock existente y los cargamentos en camino.
Desde el punto de vista económico, la inversión en tecnología nutricional sigue siendo altamente rentable. Según Ciarlo, en un planteo de trigo, la diferencia de margen neto entre medir y fertilizar correctamente frente a no hacerlo puede alcanzar los 220 dólares por hectárea. Además, la relación insumo-producto se mantiene favorable: cada kilo de nitrógeno aplicado genera, en promedio, 20 kg de trigo, mientras que un kilo de fósforo puede devolver hasta 50 kg de grano.
Trigo y Cebada: Estrategias diferenciadas
Para el trigo, la recomendación principal es avanzar hacia una fertilización balanceada que incluya no solo nitrógeno, sino también fósforo, azufre y micronutrientes para evitar la pérdida de calidad comercial, como los bajos niveles de proteína registrados en campañas anteriores.
En cuanto a la cebada, el enfoque varía según el destino del grano. Pablo Prystupa, especialista de la FAUBA, explicó que en la cebada cervecera el objetivo es el equilibrio: se debe fertilizar para alcanzar un estándar de proteína de entre el 10% y el 12%, ya que valores fuera de ese rango afectan la calidad industrial. Por el contrario, para la cebada forrajera, la estrategia se orienta principalmente a maximizar el volumen de rendimiento.
Conclusión: Si hay agua, manda la nutrición
La conclusión de los especialistas es unánime: la posibilidad de alcanzar una nueva campaña récord en 2026 está en manos del manejo nutricional. La aplicación de dosis optimizadas puede incrementar el margen bruto en un 25% en diversas zonas productivas. Como resumieron desde Fertilizar AC, en un año con suelos cargados de agua, «la ingeniería agronómica» será la encargada de cerrar las brechas productivas y garantizar la sostenibilidad del sistema.














