Con suelos recargados y pronósticos favorables, el foco de la rentabilidad se desplaza hacia la tecnología de procesos. La capacidad de los nuevos híbridos para compensar la producción y capturar rindes inesperados redefine la gestión del riesgo. La próxima campaña de maíz 2026/2027 inicia con un escenario de marcado optimismo. La excelente recarga de agua
Con suelos recargados y pronósticos favorables, el foco de la rentabilidad se desplaza hacia la tecnología de procesos. La capacidad de los nuevos híbridos para compensar la producción y capturar rindes inesperados redefine la gestión del riesgo.
La próxima campaña de maíz 2026/2027 inicia con un escenario de marcado optimismo. La excelente recarga de agua útil en los perfiles del suelo y las perspectivas climáticas alentadoras sientan las bases para un ciclo prometedor. Sin embargo, en un contexto de costos productivos elevados, los especialistas advierten que alcanzar una rentabilidad superior dependerá de una estrategia precisa basada en la “plasticidad reproductiva”.
El valor de la compensación genética
Este concepto se ha posicionado como el pilar fundamental de la nueva campaña. La plasticidad se define como la capacidad biológica de un híbrido para alcanzar rendimientos por encima de lo esperado cuando el ambiente resulta favorable. Según expertos del sector, esta ventaja se manifiesta a través de diversos mecanismos genéticos: algunos materiales destacan por sus espigas flex, otros por su prolificidad (capacidad de generar dos espigas por planta) o por sostener un alto peso de grano incluso en condiciones adversas.
Esta versatilidad permite al productor una gestión del riesgo mucho más agresiva y eficiente. Al contar con genética que compensa una menor densidad inicial si el clima acompaña, es posible optimizar la inversión en semillas y fertilizantes sin resignar el potencial de cosecha.
Un híbrido para cada necesidad
La oferta tecnológica actual busca cubrir todo el abanico de estrategias productivas. Dentro del portfolio destacado para este ciclo se encuentran:
- Ciclos híperprecoces: El material IS 550 se posiciona como ideal para siembras tempranas que requieren un secado rápido o para resiembras tardías de emergencia.
- Máximo potencial: Para lotes de alta productividad, el híbrido IS 799 está diseñado para alcanzar los techos de rendimiento en siembras de primera.
- Versatilidad y estabilidad: Los materiales intermedios como el IS 7.24 y el IS 2773 han demostrado una adaptación asombrosa en rangos que van desde los 5.000 hasta los 13.000 kg/ha. Por su parte, el IS 2738 MR se consolida como el referente en estabilidad gracias a su marcada prolificidad.
El desafío de los datos
A pesar del salto genético, la eficiencia en el lote aún enfrenta barreras culturales. Un dato que preocupa a los técnicos es que solo el 25% de los productores realiza muestreos de suelo antes de la siembra. Jorge Pellegrino, Gerente de Desarrollo de Maíz, enfatiza que la rentabilidad máxima hoy depende de basar cada acción en datos precisos, trabajando con prescripciones variables de densidad y nitrógeno.
El próximo Congreso de Aapresid, a realizarse a principios de agosto, será el escenario central donde se profundizará en estas innovaciones de procesos y genética, buscando brindar a los productores las herramientas necesarias para blindar sus resultados en el nuevo ciclo maicero.











