Apuran desarrollo de robots agrícolas para terminar con el glifosato y el dicamba

Los yuyos son la perdición de los agricultores, la «plaga más dañina para todos los cultivos», definió Larry Mitich, un científico de la Universidad de California. Los matan acaparandoles los nutrientes del suelo, el agua, el espacio y la luz. A nivel mundial, son la mayor fuente de pérdidas de rendimiento en la agricultura.

Desde mediados de la década de 1990 , muchos agricultores han eliminado sus malezas a través de la genética. Específicamente, mediante la siembra de variedades de algodón, maíz y soja desarrollada por medio de la bioingeniería que soportan herbicidas como el glifosato, el ingrediente activo de Roundup, y, más recientemente, como el dicamba y el 2,4-D. Ahora, sin embargo, hay una creciente evidencia de que las malezas están evolucionando para tolerar esos herbicidas, como los supercardos tipo el amaranto y el ryegrass de Palmer.

Entonces, estos herbicidas podrían no funcionar en las malezas, y además etán más resistidos que nunca en las poblaciones. ¿Podría haber otra solución? ¿Como, digamos, máquinas de escardar robóticas? Si podemos hacer que los robots recojan nuestras frutillas, ¿por qué no pueden deshacerse de las malas hierbas también? Un puñado de empresas están trabajando en ello. Aunque la tecnología ha estado en desarrollo durante años, los robots de eliminación de malezas aún están en su infancia y están siendo probados en granjas a lo largo de todo el planeta.

Como, por ejemplo, Betteravia Farms, que cultiva vegetales de la marca Bonipak en 3.650 hectáreas en Santa Maria, California, y en Yuma, Arizona. Dylan Bognuda, ingeniero de producción, supervisa la flota de cinco escardadores automáticos desplegados en 360 hectáreas de apio orgánico, brócoli y lechuga romana.

Si podemos hacer que los robots recojan nuestras frutillas, ¿por qué no pueden deshacerse de las malas hierbas también?

Esos escardadores no son robots, son básicamente extensiones de tractores. Las máquinas se enganchan a un tractor y corren sobre los surcos, removiendo los yuyos que haya entre ellos. Esa es una práctica antigua, honrada por el tiempo . Varias compañías, como Garford , Steketee y Kult Kress, tienen versiones de tecnología más avanzada que también pueden impactar en el espacio entre las plantas de un mismo surco. La distancia entre los surcos en las plantas de lechuga, por ejemplo, suele ser de alrededor de 30,5 centímetros (12 pulgadas).

A comienzos de la primavera boreal, Bognuda realizó ensayos con escardadores autónomos, es decir, máquinas que no tienen que estar conectadas a un tractor, porque se manejan solas. Uno de esos robots, una máquina llamada Dino, fabricada por la compañía francesa Naio Technologies, “trenzó la tierra”, como explica Bognuda, removiendo las malezas de los entresurcos mientras avanzaba por el campo. La auto-conducción es la distinción crucial, es la diferencia entre una aspiradora y una Roomba (marca comercial de el robot autónomo que para limpiar hogares)

¿Cómo funciona el robot escardador? Esencialmente, un administrador de la granja como Bognuda pilotea la máquina, que parece un escudo con ruedas. Ingresa datos, como dimensiones de campo y tamaños de surco, y la máquina despega. Sigue las coordenadas del GPS de los surcos y utiliza cámaras para seguir las líneas de cultivo, y avanza rompiendo las malezas que crecen en el suelo.

Naio dice que Dino puede correr funcionar ocho horas al día, cubriendo unas cinco hectáreas. Según la compañía, hay 27 máquinas de este tipo que funcionan en campos en Francia, Alemania, Dinamarca, Japón, Canadá y una en California. El otro robot de la compañía, Oz, que limpia un surco a la vez, está diseñado para pequeños explotaciones que trabajan en las periferias de las ciudades, dice la compañía.

«Simplemente sueltas la máquina y ésta trabaja el campo», dice Bognuda sobre Dino. Para su sorpresa, el robot corrió «bastante suave», a diferencia de otros robots que ha probado.

Naio se jacta de que sus máquinas «reducen la carga de trabajo» para los trabajadores agrícolas. Ahorra tiempo y costes laborales. Es 100 por ciento eléctrico. Y, a diferencia de los desbrozadores automáticos fabricados por Blue River, creador de la tecnología “see and spray” , originalmente desarrollado para los campos de lechuga, estos escardadores robóticos no contienen pesticidas.

Eso es de vital importancia para los agricultores orgánicos, que de otra manera tienen que controlar sus malezas con métodos comparativamente medievales, como atrapar malezas debajo de telas o lonas plásticas, eliminarlas con alambres cargados eléctricamente, o «quemar» las plagas con propano.

En gran parte debido a los gastos de mano de obra, Bognuda dice que desherbar cuesta casi U$S 2.500 por hectárea en cada una de las 365 orgánicas que posee Betteravia. Él dice que tener un equipo más pequeño para supervisar una máquina automática podría reducir ese precio a U$S 500 por hectárea.

«Puedes tener un chico para administrar una flota de diez, en lugar de un chico que maneje un tractor», dice.

Pero Dino tiene sus límites. Bognuda dice que, por lo general, escarda 30 acres en un día, lo que significa que, según la estimación de Naio, necesita tres de ellos para hacer el trabajo de un tractor. Esos costos pueden sumarse, dice, porque un Dino cuesta U$S 120.000.

Además, Dino no puede eliminar las malezas entre las plantas de un mismo surco, una tarea más complicada y de importancia crucial que, según Bognuda, suelen realizar los agricultores. ¿Por qué? Cuando los cultivadores del robot se mueven a través de un surco, van haciendo filas de tierra indiscriminadamente. Si arrojas una lechuga allí, Dino probablemente también la rompería, porque, por más tonto que parezca, no sabe cómo es una planta. Como su nombre lo indica, no es demasiado «inteligente», en el lenguaje técnico.

Julien Laffont, gerente de marketing de Naio, dice que la compañía está trabajando en eso. Este verano, dice, Naio está creando un prototipo de un nuevo robot que se basa en el aprendizaje automático, un proceso de alimentación de miles y miles de imágenes a una computadora central, para aprender cómo se ven las plantas, de modo que pueda comenzar a separarlas entre ellas, distinto a sólo  desherbar cerca de ellas. Es la misma tecnología que guía a Harvest CROO, un robot recolector de frutillas que se está probando en Florida .

 

Otra compañía, sin embargo, dice que ya puede desherbar dentro de los surcos . Farmwise, una startup de San Francisco, tiene un producto que se asemeja a un tractor corta pasto gigante, que va deslizándose sobre sus ruedas a través del campo. Después de realizar pruebas el año pasado  en Santa María y el valle de Salinas, Farmwise ahora está trabajando con una compañía automotriz del área de Detroit llamada Roush, conocida por construir los autos autónomos de Google, para construir una docena de prototipos, y varios más para 2020, según informó Crain.

Dino tiene la ventaja de ya estar en el mercado y en uso en Europa, donde hay una necesidad de tecnología agrícola ahora -no para proyectos lunáticos que podrían cambiar las cosas en el futuro. Los cultivos no pueden modificarse genéticamente allí para crecer mejor, y los pesticidas están más fuertemente regulados, lo que hace que la agricultura sea más intensiva en mano de obra que en los Estados Unidos. Los robots reducen esa carga de trabajo.

Por lo tanto, existe un fuerte incentivo para que estos ag-bots lleguen a manos de los agricultores y fondos públicos para financiar los desarrollos. La Unión Europea ha comprometido 80 mil millones de euros para desarrollar y compartir tecnologías agrícolas en los estados miembros a través de un proyecto llamado Horizonte 2020. Naio dice que ha estado creando prototipos desde 2012, y acaba de despachar su centésimo robot .

De cualquier manera, cuenta Bognuda que está emocionado, aún cuando la recolección de malezas autónoma llegará, según cree el, no antes de los próximos 10 años.

«Estamos al principio de esto», dice. «Lo único que podemos hacer es probarlo, calcular cifras y pensar a largo plazo».

Bioeconomia.com.ar

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