La ganadería actual se enfrenta a una oportunidad excepcional gracias a las condiciones climáticas. En la región centro del país, un otoño particularmente húmedo ha permitido prolongar la calidad de las pasturas de verano y demorar el impacto de las heladas, favoreciendo rebrotes de alfalfa con excelentes volúmenes. En este contexto, los verdeos de invierno (avena, centeno, triticale o cebada) emergen como una herramienta fundamental para las estrategias de recría.
En un escenario marcado por un otoño húmedo en la región central, el especialista Osvaldo Luna destaca que la combinación de fecha de siembra, manejo de la altura de pastoreo y una nutrición balanceada son los pilares para maximizar la producción de carne y la rentabilidad.
La ganadería actual se enfrenta a una oportunidad excepcional gracias a las condiciones climáticas. En la región centro del país, un otoño particularmente húmedo ha permitido prolongar la calidad de las pasturas de verano y demorar el impacto de las heladas, favoreciendo rebrotes de alfalfa con excelentes volúmenes. En este contexto, los verdeos de invierno (avena, centeno, triticale o cebada) emergen como una herramienta fundamental para las estrategias de recría.
La fecha de siembra: el primer paso al éxito
Según el relevamiento de empresas realizado por Osvaldo Luna, la fecha de siembra es una de las variables más críticas. Las siembras tempranas, efectuadas a fines de febrero o principios de marzo, permiten realizar el primer pastoreo apenas 45 a 50 días después, logrando volúmenes superiores a los 4.000 kilos de materia seca.
Por el contrario, un retraso en la siembra puede extender la espera hasta los 90 días para el primer ingreso de los animales, disminuyendo drásticamente la cantidad de aprovechamientos posibles durante la temporada. Además de la fecha, Luna destaca la necesidad de ajustar la densidad de siembra (entre 60 y 100 kg/ha según el tamaño de la semilla) y verificar siempre el Poder Germinativo (PGA) para asegurar la viabilidad del cultivo.
Manejo eficiente: la regla de los 30/20 centímetros
Una vez establecido el verdeo, el éxito depende de la eficiencia en la cosecha del pasto. El esquema propuesto por el especialista sugiere entrar a la parcela cuando el cultivo alcanza los 30 centímetros de altura, realizar un «despunte» consumiendo el 40% del material, y retirar a los animales cuando la altura baje a los 18-20 centímetros.
Este remanente es vital para asegurar una tasa de reposición rápida, permitiendo que el lote descanse entre 20 y 30 días antes del próximo ciclo. «Esa es la segunda parte del éxito: estar a la altura de cómo comer el verdeo eficientemente», señala Luna, quien recomienda cargas instantáneas altas con tropas de entre 800 y 1.000 animales en parcelas diarias para maximizar el aprovechamiento.
Nutrición y balance dietario
Aunque los verdeos de invierno ofrecen un alto valor proteico (superando el 20% de proteína bruta), su elevado contenido de humedad requiere una suplementación estratégica. Para lograr ganancias de peso de entre 700 y 800 gramos diarios, es indispensable compensar la dieta con fibra y energía.
El modelo sugerido contempla que la hacienda pastoree entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde, para luego trasladarse a un «dormidero» donde disponen de agua y suplementos. Allí se les brinda heno (rollos) para aportar fibra o silaje de planta entera, que combina fibra y energía, logrando así una dieta equilibrada que potencie el alto valor proteico del verdeo.
Un negocio de alta producción
El objetivo final de este sistema de recría es ambicioso: animales que entran con 170-180 kilos y salen con aproximadamente 200 kilos. Dependiendo del manejo y las condiciones climáticas, el potencial de producción de carne oscila entre los 500 y 1.000 kilos por hectárea, con rentabilidades proyectadas entre los 400 y 700 dólares.
No obstante, Luna advierte que estos modelos requieren una alta inversión inicial en capital de hacienda y un equipo de trabajo capacitado para manejar los recursos con precisión quirúrgica. Una vez finalizados los ciclos de pastoreo, el lote queda preparado para una integración agrícola, ya sea para cultivos de renta o nuevas reservas forrajeras como maíz o sorgo.











