La combinación de lluvias excepcionales y el desplome del precio de la urea impulsan la siembra de trigo hacia los 7 millones de hectáreas. En tanto, el maíz mantiene su estimación de 68 millones de toneladas, compensando con rindes tardíos el daño causado por la chicharrita en el norte. El panorama agrícola argentino ha dado
La combinación de lluvias excepcionales y el desplome del precio de la urea impulsan la siembra de trigo hacia los 7 millones de hectáreas. En tanto, el maíz mantiene su estimación de 68 millones de toneladas, compensando con rindes tardíos el daño causado por la chicharrita en el norte.
El panorama agrícola argentino ha dado un giro significativo en las últimas semanas. Lo que en mayo se perfilaba como una caída estrepitosa en la intención de siembra de trigo, se ha transformado en un escenario de optimismo renovado. Gracias a un alivio en los costos de los insumos y a condiciones climáticas atípicas, el cereal vuelve a ganar terreno, mientras que la cosecha gruesa de maíz enfrenta sus propios desafíos sanitarios en las provincias del norte.
El «milagro» del trigo: lluvias y urea
El área destinada al trigo ha experimentado un crecimiento notable, sumando 130.000 hectáreas adicionales solo en el sudoeste del país, lo que eleva la superficie nacional a casi 7 millones de hectáreas (6,95 M ha). Este cambio de tendencia responde a dos factores clave: una caída drástica en el precio de la urea, que pasó de 1.000 us/tacercade550us/t, y lluvias de junio que superaron todos los registros históricos en zonas clave.
En provincias como La Pampa, técnicos locales compararon las precipitaciones —que alcanzaron los 100 mm en algunas zonas— con el paso del «cometa Halley» por lo inusual para esta época del año. Con el perfil de los suelos cargado de humedad, los productores han decidido apostar por un nivel tecnológico alto, proyectando un horizonte productivo nacional de 20,5 millones de toneladas. De cumplirse estas previsiones, el ciclo 2026/27 se convertiría en la segunda mayor siembra de los últimos 17 años.
Maíz: entre el avance de cosecha y la amenaza del spiroplasma
Mientras el trigo se siembra, el maíz atraviesa una cosecha lenta y trabajosa, con un avance del 70% debido a la persistente humedad que dificulta el secado del grano. A pesar de los contratiempos, se mantiene la estimación de una cosecha total de 68 millones de toneladas.
Sin embargo, la preocupación se traslada al norte argentino. En Chaco y Santiago del Estero, el impacto del spiroplasma (transmitido por la chicharrita o Dalbulus maidis) ha golpeado los rendimientos. Se reportan lotes con rindes magros de entre 15 y 60 qq/ha, muy por debajo de las expectativas iniciales.
Aunque las recientes heladas, con registros de hasta -2,7°C en Santiago del Estero, ayudan a reducir la movilidad de la plaga, los técnicos advierten que el insecto puede resistir temperaturas extremas. Ante esta situación, muchos productores del norte planean una reducción drástica del área maicera para la próxima campaña, considerando el sorgo como una alternativa más segura.
Un balance compensado
Pese al daño localizado en el norte, el optimismo persiste a nivel nacional. Se espera que los excelentes resultados que está mostrando el maíz tardío en el resto del país logren compensar las pérdidas sufridas en las provincias del Chaco y Santiago del Estero.
En definitiva, la campaña agrícola argentina navega entre la expansión del trigo, impulsada por un clima favorable y mejores márgenes económicos, y la resiliencia de un maíz que, a pesar de las plagas, busca sostener volúmenes de prBCRoducción masivos para el mercado comercial.
Fuente: GEA. BCR










