La industria de la protección de cultivos está atravesando una transformación profunda, impulsada por la necesidad de una producción más sustentable y regulaciones internacionales cada vez más estrictas. En este contexto, Corteva se presentó en el congreso de AAPRESID para exhibir la evolución de su estrategia, que ahora integra su portafolio tradicional de insecticidas, fungicidas y herbicidas con una fuerte apuesta por los productos biológicos.
En el marco de AAPRESID, Guillermo Marrone, gerente de la compañía, detalló cómo la combinación de soluciones biológicas y química tradicional no solo mejora los rendimientos, sino que permite a los productores argentinos cumplir con las crecientes exigencias de los mercados internacionales.
La industria de la protección de cultivos está atravesando una transformación profunda, impulsada por la necesidad de una producción más sustentable y regulaciones internacionales cada vez más estrictas. En este contexto, Corteva se presentó en el congreso de AAPRESID para exhibir la evolución de su estrategia, que ahora integra su portafolio tradicional de insecticidas, fungicidas y herbicidas con una fuerte apuesta por los productos biológicos.
Un manejo integrado para cultivos más fuertes
Según explicó Guillermo Marrone, gerente de Insecticidas y Fungicidas de la firma, el objetivo es posicionar un manejo que complemente ambas tecnologías para resolver las principales problemáticas de los cultivos en Argentina. Esta propuesta se divide en dos pilares fundamentales: la bioestimulación y el biocontrol.
La bioestimulación busca lograr cultivos más vigorosos y resistentes a factores abióticos, como los golpes térmicos, preparando a la planta para afrontar adversidades climáticas. Por otro lado, el biocontrol, a través de biofungicidas y bioinsecticidas, trabaja en conjunto con la química tradicional para alcanzar un mejor rendimiento en cultivos de soja, maíz, trigo, cebada, y producciones regionales como la papa y el maní.
El caso del maní: una solución para el mercado europeo
Uno de los puntos más destacados de esta integración es el manejo del maní, un cultivo clave en provincias como Córdoba. Dado que Argentina es el principal exportador mundial de este producto y su principal destino es Europa, las restricciones ambientales de dicho mercado impactan directamente en la producción local.
Ante la prohibición en mercados europeos de grupos químicos como el Clorotanonil (un fungicida multisitio tradicional), Corteva lanzó Vexfon. Este biocontrolador, basado en Bacillus velecensis, permite reemplazar a los fungicidas multisitios en el manejo de enfermedades como la viruela del maní.
Resultados y adaptación global
Los resultados a campo indican que esta solución biológica alcanza el mismo nivel de control que los productos químicos tradicionales. En la práctica, el manejo sanitario se complementa extrayendo el multisitio prohibido y utilizando Vexfon en combinación con fungicidas de origen tradicional, como Orgian.
Este avance responde a un mercado global —especialmente el de los supermercados europeos— que impone restricciones cada vez más severas y pone el acento en la producción sustentable. Según Marrone, la industria se está adaptando a estas nuevas necesidades, ofreciendo herramientas biológicas que se ajustan a la nueva realidad de las exportaciones agrícolas.












