La sequía extrema y el inicio de un ciclo de recomposición ganadera dispararon los precios un 75% en el último año. Mientras el asado se encarece, el consumo de pollo y cerdo alcanza niveles históricos, marcando un cambio estructural en la mesa nacional, según el análisis de David Miazzo.
La sequía extrema y el inicio de un ciclo de recomposición ganadera dispararon los precios un 75% en el último año. Mientras el asado se encarece, el consumo de pollo y cerdo alcanza niveles históricos, marcando un cambio estructural en la mesa nacional, según el análisis de David Miazzo.
El mercado de la carne vacuna en Argentina atraviesa una crisis de oferta sin precedentes, la cual ha impulsado los precios un 75% por encima de la inflación general en el último año. Según el economista David Miazzo, este fenómeno representa un quiebre estructural que está obligando a los consumidores a modificar sus hábitos alimenticios ante la imposibilidad de convalidar los nuevos costos.
Las causas detrás del mostrador
La raíz de este incremento se encuentra en la contracción productiva derivada de la sequía extrema de 2022 y 2023. Durante ese periodo, la falta de pasto obligó a los productores a liquidar sus rodeos, eliminando la capacidad de producir nuevos terneros. Al haber una sobreoferta forzada por la necesidad de vender animales que no tenían qué comer, los precios se mantuvieron artificialmente bajos en 2023.
Sin embargo, el escenario cambió con la mejora de las condiciones climáticas. Actualmente, el sector ganadero ha iniciado una fase de recomposición y retención de hacienda. «Con la vuelta de las lluvias, el productor prefiere hoy mantener al animal en el campo para que gane kilos», explica Miazzo, detallando que este proceso de «recría» demora la llegada de los animales a la faena y reduce la oferta inmediata en las carnicerías.
Contexto global y límites locales
A la situación interna se suma un factor internacional: Estados Unidos se ha transformado en un importador neto que demanda proteína argentina, lo que eleva los valores globales de la carne. No obstante, el especialista advierte que los aumentos locales tienen un límite claro: el poder adquisitivo de los argentinos. El techo de los incrementos está marcado por la capacidad de pago del consumidor local, por lo que no se esperan subas mayores mientras no mejore el bolsillo de la población.
Un nuevo récord de consumo diversificado
A pesar de la escalada de precios, Argentina mantiene su estatus de potencia consumidora de proteínas, aunque la composición de la canasta ha cambiado profundamente. En 2025, el consumo total de carnes alcanzó un récord histórico de 116,5 kilos por habitante.
La transformación de la dieta nacional es evidente en las cifras:
• Carne vacuna: 50 kilos por habitante.
• Pollo: 47,7 kilos, compitiendo ya «palo a palo» con la carne bovina.
• Cerdo: 18,9 kilos, impulsado por el crecimiento de la producción local e importaciones.
Este fenómeno de sustitución, ya sea por preferencia o por precio relativo, indica que el asado ha dejado de ser la opción única. Dado que el ciclo ganadero es lento, se estima que esta situación de precios altos y oferta restringida persistirá entre dos y tres años más, hasta que se complete la recomposición del stock nacional.
Fuente: Noticias Argentinas












