El ingeniero Ernesto Sequeira lidera un ambicioso proyecto genético que busca superar las deficiencias de fertilidad del hato tradicional nicaragüense, introduciendo genética de élite para alcanzar nuevos mercados y mejorar la eficiencia en el campo. Nicaragua se encuentra en los inicios de una transformación productiva en su industria ganadera de la mano de la genética
El ingeniero Ernesto Sequeira lidera un ambicioso proyecto genético que busca superar las deficiencias de fertilidad del hato tradicional nicaragüense, introduciendo genética de élite para alcanzar nuevos mercados y mejorar la eficiencia en el campo.
Nicaragua se encuentra en los inicios de una transformación productiva en su industria ganadera de la mano de la genética argentina. Ernesto Sequeira, ingeniero agrónomo y asesor de las principales fincas y frigoríficos del país centroamericano, ha puesto en marcha un programa genético formal para introducir y expandir la raza Brangus, buscando elevar los estándares de una actividad que cuenta con entre 6 y 7 millones de cabezas de ganado (un bovino por habitante en Nicaragua). Sequeira estuvo presente en las Nacionales ganaderas de corrientes siguiendo de cerca a una de las mejores razas, según definió ante MundoAgro.
El «mejor Brangus del mundo» para el trópico
La elección de la genética argentina no es casual. Según le dijo Sequeira a MundoAgro, «en Argentina se encuentra el mejor Brangus del mundo, con un biotipo de animal medio y pastoril que se adapta perfectamente a las necesidades de eficiencia que requiere el campo nicaragüense». A pesar de la distancia, para el Ing. Agr. «el clima del norte argentino guarda similitudes con el ambiente tropical de Nicaragua, donde las temperaturas oscilan entre los 26 y 35 grados, pudiendo superar los 45 grados en ciertas zonas». Sequeira reconoció que conoció el Brangus en Brasil cuando realizaba una pasantía, pero años después descubrió «el mejor Brabgus en nuestro país».
Históricamente, el hato nicaragüense ha tenido una fuerte influencia de la raza Brahman, impulsada por la cercanía comercial con Estados Unidos. Sin embargo, este modelo presenta desafíos críticos de productividad. “El Brahman tiene muchos problemas de fertilidad y de precocidad”, explica Sequeira, señalando que es común encontrar vacas de cuatro años que aún no han logrado su primer preñez, mientras que una hembra Brangus a esa misma edad ya puede estar cursando su tercer ternero.
Un plan de inseminación masiva
El proyecto que lidera Sequeira contempla un programa de inseminación masiva de vientres con el objetivo de aumentar rápidamente el volumen de animales Brangus en el país. La estrategia es clara: retener la mayor cantidad posible de hembras nacidas de estos cruzamientos para mejorar los índices reproductivos a nivel nacional, mientras que los machos serán destinados a los feedlots de los frigoríficos para garantizar canales de mayor calidad cárnica.
Hacia nichos de mercado más exigentes
A pesar del optimismo, el camino no está exento de retos. El control de garrapatas y las enfermedades de hemoparásitos representan la principal limitante sanitaria en la región. Además, Sequeira advierte sobre la reciente reaparición del «gusano barrenador», una plaga que se consideraba erradicada desde los años 90 pero que ha vuelto a ser una preocupación endémica que afecta incluso las fronteras hacia el norte del continente.
Más allá de la eficiencia productiva, el objetivo final es la valorización del producto. Aunque actualmente el consumo de esta carne de alta calidad comienza en el ámbito familiar y local según Sequeira, la visión a largo plazo es posicionar la carne Brangus nicaragüense en mercados y nichos comerciales con mejores valores económicos. Con este salto cualitativo, Nicaragua busca no solo aumentar su volumen de producción, sino también transformar la calidad de su oferta exportable de la mano de la probada genética argentina. El trabajo de Sequeira comenzó en las Nacionales Ganaderas de Corrientes, en la jura de los animales Brangus y con reuniones junto a las autoridades de la Asociación.















