El grueso de la superficie pendiente se concentra en el sur de Santa Fe, donde falta implantar un 7%, y en el norte de Buenos Aires, con un 17% de retraso. En localidades como Fuentes, los productores advierten que se está sembrando en condiciones poco adecuadas debido a la elevada humedad, lo que ha provocado una emergencia de las plantas más lenta de lo habitual, agravada por las bajas temperaturas.
Con el 92% de la superficie implantada, la región núcleo enfrenta dificultades por el exceso de humedad y la falta de semillas de ciclo corto. Mientras tanto, cultivos alternativos ganan terreno y el sector aguarda heladas clave para combatir la plaga de la chicharrita.
A pocos metros de cruzar la línea de meta, la campaña de trigo en la región núcleo argentina se encuentra en un momento crítico. Tras un otoño que dejó lluvias por encima de la media —promediando 211 mm en la red GEA/BCR—, la falta de piso por barro y la dificultad para conseguir semillas de ciclos cortos amenazan con dejar sin sembrar unas 100.000 hectáreas.
El desafío del tramo final
El grueso de la superficie pendiente se concentra en el sur de Santa Fe, donde falta implantar un 7%, y en el norte de Buenos Aires, con un 17% de retraso. En localidades como Fuentes, los productores advierten que se está sembrando en condiciones poco adecuadas debido a la elevada humedad, lo que ha provocado una emergencia de las plantas más lenta de lo habitual, agravada por las bajas temperaturas.
Ante este escenario, algunos productores consideran volcar esos lotes directamente a la siembra maicera de la próxima campaña, motivados por las proyecciones de un evento «Niño» fuerte, que asegura disponibilidad hídrica para el verano. No obstante, la reciente baja en el precio de la urea todavía incentiva a muchos a intentar completar el esquema triguero para potenciar rendimientos.
Diversificación y cambios en el mapa productivo
El panorama agrícola muestra signos de transformación. Mientras que el girasol perdería presencia a nivel regional por el riesgo de anegamiento ante un año «Niño», en zonas específicas como Bigand se proyecta un aumento de hasta el 50% en su superficie, desplazando a la soja en ambientes de menor potencial.
Por otro lado, los cultivos de invierno no tradicionales están dejando de ser una rareza. La camelina, la carinata y las legumbres (como la arveja) se consolidan como herramientas de diversificación. Estos cultivos no solo ofrecen márgenes atractivos, sino que ayudan a mantener los suelos cubiertos y mejorar su estructura, generando ambientes más resistentes al estrés climático. En particular, la arveja ha ganado protagonismo este año al no requerir fertilización nitrogenada, una ventaja competitiva frente a la camelina o el trigo.
La mirada en el termómetro
Más allá de la siembra, la atención del sector está puesta en el clima extremo. Un sistema de alta presión desde el Pacífico y uno de baja presión sobre el Atlántico están impulsando aire gélido desde el sur hacia el centro del país, con temperaturas máximas que apenas alcanzan los 11°C.
Para los productores de maíz, este frío extremo es una noticia esperada. Se aguardan heladas generalizadas que logren bajar las poblaciones de chicharrita, una plaga que representa una seria amenaza para la próxima campaña maicera. Según los pronósticos, la intensificación de las heladas hacia el fin de semana podría ser determinante para reducir este riesgo sanitario en el norte de la región y zonas aledañas.
Fuente: GEA. BCR










