Dos mercados en el horizonte del trigo

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Las subas verificadas por los precios de la soja en Chicago en los últimos 4 meses «traccionaron», en parte, las mejoras registradas por el maíz y el trigo. De igual forma, ahora que los valores de la oleaginosa están ajustando a la baja, los cereales hacen lo propio aunque en mucha mayor cuantía.

El caso del trigo resulta muy interesante ya que, de los mínimos registrados a principios de año (165 dólares por tonelada), y luego de haber ascendido hasta los 190 dólares, actualmente las cotizaciones se ubican en torno de los 155 dólares, marcando nuevos «pisos» en el año.

Ello resulta muy distinto a lo acontecido con la soja. En este caso, los mínimos desde comienzos de año se observaron a mediados de febrero (320 dólares por tonelada), posteriormente los valores llegaron hasta los 440 dólares, mientras que ahora las cotizaciones de la oleaginosa en Chicago rondan los 410 dólares. Queda claro, entonces, que la soja posee fundamentos mucho más consolidados para sostener subas, que los que posee el cereal de invierno.

Para ponerlo en términos claros, el trigo en el nivel mundial posee los mayores niveles de relación stock/consumo desde mediados de la década del ?80. La diferencia actual respecto de aquellos tiempos es que ahora existen actores en la arena de la exportación que antes no estaban y que resultan tremendamente agresivos a la hora de colocar sus excedentes. Por caso, Rusia, Ucrania y otros países de la ex Unión Soviética.

Situación regional

No obstante, en la Argentina la cuestión puede ser un tanto diferente y dependerá de cuál sea el volumen de la cosecha la posibilidad de esquivar el «pesado» esquema de oferta y demanda internacional. Claramente, toda la atención está centrada hoy en la evolución de las siembras en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.

Sabido es que en el cinturón triguero Norte los excesos hídricos determinaron una menor área implantada en relación con la intención de siembra. Ahora está ocurriendo algo similar en el sur. Con los excesos de precipitaciones acaecidos en el último periodo de la cosecha gruesa, la demora en la recolección derivó también en lógicos atrasos en la implantación de los cultivos de invierno.

Cuestión de volumen

Sin saber a ciencia cierta cómo va a terminar siendo el área total implantada, un millón de toneladas de más o de menos en la producción hacen la diferencia sobre cuánto resultará el saldo exportable. Con 11 millones de cosecha (similar a la trilla de este año), el panorama resulta mucho más alentador para los precios domésticos.

Esto es así, ya que entre el consumo interno y los stocks remanentes, el saldo exportable estaría en línea con lo que en principio necesitaría comprar Brasil. En ese contexto, nuestros valores reflejarían las necesidades entre el consumo interno y nuestro vecino país, soslayando casi en su totalidad la posibilidad de tener que colocar cereal en el norte de África o en Medio Oriente, donde los competidores son los países de la ex Unión Soviética.

Por el contrario, volúmenes de cosecha superiores a los 13 o a los 14 millones de toneladas nos «obligarían» a tener que colocar saldos exportables fuera de Brasil, teniendo que competir con los países mencionados. De ser este el caso, resultará imperioso «escapar» de la venta en plena cosecha.

En ese sentido, las ventas forward para aquellos que necesiten negociar el trigo en el momento de la recolección, o diferir las ventas de abril en adelante para aquellos que no requieran financieramente del cereal, se imponen.

 

fuente: La Nación / Campo