La soja pierde potencial de rinde por el estrés térmico

Un 16% de los lotes está en estado “regular o malo” en la zona núcleo, según la Bolsa rosarina. El norte de Buenos Aires es la región más complicada.

Los técnicos observan que las plantas se marchitan y se pierden vainas, entre otros daños.

Los técnicos observan que las plantas se marchitan y se pierden vainas, entre otros daños.

En los lotes de soja, la combinación de las altas temperaturas y las escasas precipitaciones erosiona el rendimiento potencial del cultivo. “La calificación de regular a mala asciende a un 16% del área de soja de primera. Marchitamiento, baja altura de planta, pérdida de vainas, reducción del tamaño del grano, trips y arañuelas encienden la alarma de estrés hídrico en gran parte de la región núcleo”, advierte el último informe de la Guía Estratégica del Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Los técnicos cuentan que las expectativas de rinde se recortan con el paso de los días y la ausencia de lluvias. La heterogeneidad de la condición del cultivo está marcada por la influencia de la napa, la calidad de suelo y el estadio fenológico.

Los lotes más comprometidos son aquellos grupos de madurez cortos ubicados en las lomas sin contar con la influencia de las napas. El rango de rindes estimados va de 25 quintales a 45 quintales por hectárea. “Puntualmente, la situación hídrica es realmente crítica en el noreste bonaerense, con expectativas de 23 quintales a 30 quintales por hectárea en soja de primera, 50 quintales en maíz temprano y acartuchamiento en maíces tardíos”, indica la Bolsa rosarina.

En las zonas más afectadas, como el norte de Buenos Aires, los rendimientos podrían caer a 23 quintales por hectárea.
 

El problema es que los fenómenos climáticos regionales no se acoplaron al flujo de humedad que ingresa por El Niño, y la racha de lluvias que se dieron hasta diciembre se cortó. “El agobiante calor combinado con lluvias pobres o inexistentes le dio un giro de 180 grados al escenario húmedo. El follaje viró a tonalidades castañas mientras las vainas se debilitan y caen”, cuentan los técnicos.

A pesar de esta coyuntura climática, los cuadros que están afectados por una sequía superficial pero con reservas hídricas en profundidad, en la napa, continúan en la lucha y mantiene las buenas perspectivas. El 47% de los lotes está fructificando y un 53% en llenado de granos.

“En cuento a las plagas, las orugas son escasas y le cedieron un humilde lugar a las chinches. Las arañuelas y trips son atraídas por la sequía del noreste bonaerense”, concluye el informe.

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