La cosecha de maíz y soja en el norte de Córdoba, Santiago del Estero y Chaco no solo está dejando granos, sino también una cantidad crítica de datos provenientes de los ensayos RENTA. Estos estudios, llevados adelante por el Grupo Río Seco en conjunto con Legumé, buscan identificar la genética que mejor se comporta frente al complejo del spiroplasma, una de las claves para la sostenibilidad del cultivo en la región.
Frente a una población del vector inusualmente alta para la época y la persistencia de «maíz guacho», el ingeniero Pablo Solfanelli advierte sobre la necesidad de monitorear lote por lote y priorizar la rentabilidad económica antes que las rotaciones fijas.
La cosecha de maíz y soja en el norte de Córdoba, Santiago del Estero y Chaco no solo está dejando granos, sino también una cantidad crítica de datos provenientes de los ensayos RENTA. Estos estudios, llevados adelante por el Grupo Río Seco en conjunto con Legumé, buscan identificar la genética que mejor se comporta frente al complejo del spiroplasma, una de las claves para la sostenibilidad del cultivo en la región.
El fantasma de la campaña 2026-27
A pesar de que las campañas 24-25 y 25-26 presentaron daños moderados o nulos gracias al diagnóstico temprano y al descarte de híbridos susceptibles, el panorama para el ciclo 2026-27 es preocupante. Según el ingeniero Pablo Solfanelli, la población de chicharrita (Dalbulus maidis) se encuentra en niveles muy altos para la época del año.
Esta situación se ve agravada por dos factores ambientales: la ausencia de heladas lo suficientemente fuertes para reducir la plaga y la proliferación de «maíz guacho» en lotes cosechados temprano, los cuales actúan como reservorio y alimento para el insecto. «Estamos muy preocupados por la campaña que viene. Si empezamos con este nivel y el año empieza a ser húmedo y más cálido, es muy probable que el desarrollo de la plaga sea importante», señaló el especialista.
«Parar la pelota» y decidir a corto plazo
Ante este escenario, la recomendación principal para el productor es no cerrar decisiones de manera apresurada. La estrategia sugerida se basa en la capacidad de adaptación:
- Lotes abiertos: Mantener la flexibilidad para decidir entre maíz, soja, sorgo o girasol según evolucione la presencia de la plaga.
- El rol del trigo: Muchos productores han aumentado la siembra de trigo como cultivo de renta para generar un «puente» y esperar la evolución de la chicharrita antes de decidir el cultivo estival.
- Maíz temprano: Se evalúa la posibilidad de siembras en octubre si las lluvias acompañan, aunque Solfanelli reconoce que no es la fecha con mayor experiencia en la zona.
Genética y Rentabilidad
Aunque la genética ha avanzado, Solfanelli aclara que aún no existe un material totalmente tolerante, por lo que el manejo sigue siendo la herramienta fundamental. En este sentido, el experto destaca que, «si bien la rotación es vital para la sustentabilidad, este año la prioridad debe ser la rentabilidad económica de la empresa«.
«Si tenemos que hacer soja sobre soja o soja sobre trigo, no pasa nada, es un aprendizaje», afirmó, sugiriendo que en años de alta presión de espiroplasma es preferible ajustar el esquema productivo para asegurar la viabilidad financiera antes que forzar una siembra de maíz que podría fracasar por la falta de controles químicos efectivos contra la enfermedad.
Finalmente, el equipo técnico, que cuenta con el asesoramiento de especialistas como Roberto de Rossi y Roberto Peralta, continuará midiendo los niveles de positividad de la plaga para ajustar los modelos de daño a campo y brindar mayor certidumbre a los productores antes del inicio de la siembra.












