Expertos y referentes del sector agropecuario coincidieron en que la automatización y la sustentabilidad son los pilares de la nueva agricultura, aunque advirtieron que la capacitación y un marco regulatorio moderno resultan vitales para el éxito del sistema. En el marco de la 138° Exposición Rural de Palermo, la jornada «Pulverización Inteligente» se convirtió en
Expertos y referentes del sector agropecuario coincidieron en que la automatización y la sustentabilidad son los pilares de la nueva agricultura, aunque advirtieron que la capacitación y un marco regulatorio moderno resultan vitales para el éxito del sistema.
En el marco de la 138° Exposición Rural de Palermo, la jornada «Pulverización Inteligente» se convirtió en el epicentro del debate sobre el rumbo de la producción agroindustrial. Organizado por la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (FeArCA), La Rural y la Fundación Benet, el encuentro dejó un mensaje contundente: si bien la tecnología avanza a pasos agigantados, el conocimiento aplicado y las personas capacitadas siguen siendo el motor indispensable del campo.
Hacia una automatización con sentido
El paradigma de las aplicaciones está cambiando de forma drástica. Nicolás Bronzovich, presidente del INTA, señaló que el futuro de las pulverizaciones es «absolutamente automático», no solo en la maquinaria sino en la toma de decisiones. La clave ya no será discutir cuántos litros se aplican por hectárea, sino medir el nivel de control logrado sobre las plagas. En esta línea, empresas líderes como John Deere ya proyectan para 2030 soluciones totalmente autónomas en siembra y cosecha, destacando sistemas de pulverización selectiva con inteligencia artificial capaces de identificar 40.000 plantas por segundo y reducir hasta un 90% el uso de herbicidas.
Sin embargo, este salto tecnológico requiere un acompañamiento institucional. Desde el SENASA, su presidenta María Beatriz Giraudo instó a modernizar los procesos regulatorios para que la normativa no frene la innovación, siempre bajo un estricto rigor científico.
El desafío de la formación y la convivencia tecnológica
Uno de los puntos de mayor consenso fue que la tecnología no debe superar al conocimiento. «El recurso más importante seguirá siendo el capital humano», afirmó Ezequiel Baus, de la Fundación Benet, al presentar la plataforma educativa AgroFormar. La preocupación radica en que la velocidad de la innovación, con drones y sistemas inteligentes que llegaron en meses en lugar de años, exige profesionales capaces de operarlos con responsabilidad.
En este nuevo ecosistema, los drones no llegan para desplazar, sino para integrarse. Diego Martínez, presidente de FeArCA, definió a estas naves como «nuevos compañeros de trabajo» que se suman a una tradición de casi un siglo de aviación agrícola en Argentina. La convivencia entre aviones, drones y pulverizadoras terrestres permitirá que cada sistema encuentre su espacio óptimo de eficiencia.
Sustentabilidad y licencia social
La agricultura del futuro no solo busca rentabilidad, sino también armonía con el entorno. Natalia Curcio, de la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO), explicó que los productos biológicos ya no son una alternativa marginal, sino un complemento esencial para sistemas más sustentables.
No obstante, la tecnología debe ir de la mano con una mejor comunicación hacia la sociedad. Federico Landgraf, de CASAFE, subrayó la importancia de mostrar cómo las buenas prácticas permiten producir más alimentos con menor impacto ambiental. Para respaldar este compromiso, instituciones como la Red de Buenas Prácticas Agropecuarias y la Fundación Barbechando impulsan un proyecto de ley de presupuestos mínimos para unificar criterios nacionales y brindar seguridad jurídica tanto a productores como a las comunidades.
Un cambio de paradigma irreversible
La jornada concluyó con la certeza de que el cambio ya está en marcha. La sanidad vegetal ahora se entiende como una estrategia preventiva integral y no solo como una respuesta a problemas puntuales. Argentina, que ya cuenta con uno de los sistemas agrícolas más eficientes del mundo, se enfrenta al reto de seguir mejorando esa eficiencia mediante la agricultura de precisión, dejando de trabajar por promedios para manejar cada ambiente según su potencial real.
En definitiva, la agricultura del futuro será inteligente, automatizada y sustentable, pero su éxito dependerá, más que nunca, de la capacidad de las personas para liderar esta transformación tecnológica.












