La caída del 40% en los embarques de garbanzo hacia el Golfo Pérsico obliga a los productores locales a adaptar su tecnología y cumplir con las exigencias de residuos de Europa y China para asegurar nuevos mercados. En el marco del Congreso de la Presidencia, el especialista Adrián Poletti analizó las profundas transformaciones que los
La caída del 40% en los embarques de garbanzo hacia el Golfo Pérsico obliga a los productores locales a adaptar su tecnología y cumplir con las exigencias de residuos de Europa y China para asegurar nuevos mercados.
En el marco del Congreso de la Presidencia, el especialista Adrián Poletti analizó las profundas transformaciones que los conflictos geopolíticos globales están imponiendo sobre el mercado de las legumbres. El escenario actual, marcado por las tensiones en Medio Oriente y la guerra entre Rusia y Ucrania, está reconfigurando la logística internacional y forzando a la producción argentina a adaptar su estrategia para subsistir en los mercados más exigentes.
El estrangulamiento logístico en Medio Oriente
El conflicto bélico en Medio Oriente ha golpeado con dureza las exportaciones de garbanzo de Argentina, una región que tradicionalmente concentra un elevado volumen de consumo. Poletti reveló que, al comparar el período de marzo-junio de 2025 con el mismo lapso de 2026, los embarques de garbanzo hacia esa zona registraron una caída cercana al 40%.
La principal causa de este desplome radica en las complicaciones operativas en el puerto de Emiratos Árabes Unidos, un histórico hub de distribución regional que ha quedado inhabilitado para el ingreso de cargas debido a la imposibilidad física de entrar. A este panorama se suma el encarecimiento generalizado de los fletes marítimos y las dificultades de Rusia para exportar sus propios productos por el Mar de Azov debido a los bombardeos sobre buques mercantes.
Frente a esta situación, Argentina conserva una posición de relativa fortaleza gracias a que sus rutas de exportación no sufren las limitaciones de los estrechos críticos. Además, Pakistán, el principal comprador de legumbres del país, continúa operando con normalidad a pesar del encarecimiento logístico. Sin embargo, la pérdida de los mercados del Golfo (que afecta tanto a garbanzos como a variedades de porotos como el LRK) obliga a buscar alternativas urgentes.
Europa como alternativa y el desafío sanitario
Para desviar el excedente que ya no puede ingresar a Medio Oriente, el mercado de la Unión Europea se perfila como un destino clave, aunque impone rigurosas barreras sanitarias. Según Poletti, la prioridad en el campo debe ser la productividad frente a amenazas como la rabia, pero controlándola únicamente con tecnologías que no dejen trazas químicas nocivas.
El uso de ciertos desecantes agrícolas se ha transformado en el principal obstáculo para ingresar a Europa. La presencia de residuos de paraquat o mezclas con productos hormonales para acelerar el secado inhabilita de inmediato el ingreso de la mercadería. Por ello, resulta vital que los productores ajusten sus esquemas tecnológicos de la mano de los exportadores para asegurar que el mercado europeo mantenga una apertura relevante.
La mira puesta en el gigante asiático
La mirada de mediano plazo también apunta a Asia. Con un viaje oficial de la Cancillería en agenda, se espera la apertura del mercado de China, un gigante que en lo que va de 2026 ha registrado un incremento del 55% en la importación de legumbres respecto al mismo período del año anterior.
De lograrse la habilitación, Argentina se sumaría a un selecto grupo de solo cuatro orígenes autorizados para abastecer a este destino (junto a India, Turquía y Uzbekistán). Sin embargo, Poletti advirtió que China está adoptando estándares de control de residuos tan exigentes como los europeos. En el gigante asiático el uso de paraquat está estrictamente prohibido, por lo que un mal manejo de los desecantes podría clausurar esta histórica oportunidad comercial antes de que comience.
«En esta coyuntura tan desafiante, tanto productiva como comercial, la recomendación fundamental es trabajar de forma coordinada con quienes comercializan el producto para definir con precisión el perfil de insumos correcto», concluyó el especialista.











