Con la entrada en vigencia del acuerdo, Argentina busca triplicar su participación en el comercio global. Expertos y diplomáticos reunidos en el Congreso Maizar 2026 destacaron el fin de los aranceles para economías regionales y el cambio de estatus a «socios estratégicos». Luego de un cuarto de siglo de negociaciones, el acuerdo entre el Mercosur
Con la entrada en vigencia del acuerdo, Argentina busca triplicar su participación en el comercio global. Expertos y diplomáticos reunidos en el Congreso Maizar 2026 destacaron el fin de los aranceles para economías regionales y el cambio de estatus a «socios estratégicos».
Luego de un cuarto de siglo de negociaciones, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) finalmente se ha convertido en una realidad operativa. Desde enero de 2026, el proceso de firma y aprobación avanzó con una celeridad inédita, logrando que el pacto entre en vigencia y abra nuevas vías de comercio e inversión para la región. Este hito fue el eje central de un panel en el Congreso Maizar 2026, donde funcionarios y representantes del sector privado analizaron el impacto de lo que consideran uno de los tres grandes hitos de la política internacional argentina.
Un giro estratégico y político
La ratificación del acuerdo fue descrita como un proceso de «rápida secuencia». Tras destrabarse las negociaciones a finales de 2025, el Congreso argentino mostró un amplio consenso: el Senado lo ratificó con una mayoría abrumadora de 53 votos a favor y solo 3 en contra. Según Fernando Brun, secretario de Relaciones Económicas Internacionales, esta «determinación política» permitirá que Argentina pase de tener relaciones comerciales con el 10% del comercio mundial a alcanzar el 30%, con una meta oficial de llegar al 50%.
Erik Høeg, embajador de la UE en Argentina, calificó el vínculo actual como un «matrimonio feliz» que otorga previsibilidad y reglas de juego claras. El diplomático destacó que, en un plazo de cinco años, los países del Mercosur contarán con una cuota libre de aranceles de hasta 1 millón de toneladas anuales de granos, lo que «nivela la cancha» frente a otros competidores internacionales.
Impacto federal y fin de los aranceles
Uno de los puntos más celebrados en Maizar fue el alcance federal del tratado. El acuerdo ya beneficia a producciones fuera de la zona núcleo, como la miel de Entre Ríos y el arroz de Corrientes, que ganaron protagonismo en las primeras cuotas trimestrales.
Además, productos como manzanas, peras, algodón y cerezas podrán competir en el mercado europeo sin los aranceles de entre el 14% y 17% que debían pagar anteriormente. Por otro lado, el pacto garantiza la protección de indicaciones geográficas, reconociendo tanto la procedencia de quesos italianos como la de los vinos argentinos del Valle de Uco.
De la «amenaza» a la «sociedad»
El cambio en la dinámica de negociación es notable. Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, señaló que antes un pedido de reunión con la UE podía tardar 24 meses; hoy, las respuestas llegan en una semana. «Ya no somos una amenaza para la UE», afirmó Brun, destacando que el bloque sudamericano ahora es recibido como un socio para discutir cuestiones técnicas y ambientales en paridad de condiciones.
No obstante, el camino por delante implica «negociar duramente» sobre bases científicas, especialmente en regulaciones complejas como las de deforestación y residuos químicos. Desde la UE, Høeg reafirmó que el bloque seguirá regulando para proteger el medio ambiente y la salud de sus consumidores, instando a los socios a adaptarse a estos estándares.
Este acuerdo no solo fortalece el comercio actual, sino que potencia la Inversión Extranjera Directa (IED) —donde la UE ya representa el 40% en Argentina— y sirve de modelo para futuras negociaciones con mercados como Canadá, Vietnam y la India, con la premisa de que no pueden volver a pasar otros 25 años para cerrar un trato.










