Trigo: pautas para la conservación segura de granos

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La humedad, la temperatura y la presencia de insectos plagas definirán la calidad y el éxito del guardado de la cosecha. Con base en las Buenas Prácticas en Poscosecha y al programa de Control Integrado de Plagas, especialistas del INTA brindan recomendaciones para lograr un eficiente almacenaje de granos y evitar pérdidas.

Frente a las estimaciones en la cosecha de trigo realizada por la Bolsa de Cereales de Rosario, la cual predice una producción que puede llegar a 22,1 millones de toneladas, investigadores del INTA Balcarce –Buenos Aires– y del INTA Manfredi –Córdoba– realizan una serie de recomendaciones técnicas para lograr un exitoso almacenamiento.

“La cosecha y primeros meses de almacenamiento de trigo tienen lugar en la época estival, por lo es importante el manejo de las variables que no solo gradúan la calidad, sino que además definen el éxito en la conservación y se encuentran muy interrelacionados entre sí, como la humedad y la temperatura del grano, la presencia de insectos plagas y de materia extraña”, expresó Mauricio Santa Juliana, especialista en poscosecha de granos del INTA Manfredi, quien recomendó hacer un exhaustivo muestreo de cada partida que ingresa al acopio para la óptima conservación del cereal.

“Muchas de las decisiones de manejo dependen de la correcta medición de estos factores, como la humedad del grano, que determina el momento óptimo de cosecha y sobre los procesos de secado, aireación y almacenamiento, entre otros”, indicó Santa Juliana.

Para un almacenamiento prolongado es recomendable que el contenido de humedad de los granos sea de alrededor del 14 %, esto permite reducir las pérdidas asociadas a la actividad bilógica. “No se puede almacenar trigo con un contenido de humedad que supere el 17 %. Ante esta situación es imprescindible secar el grano para bajar el contenido de humedad a valores seguros de almacenamiento”, señaló Santa Juliana.

En el caso de almacenar en silo bolsa es importante lograr condiciones de hermeticidad adecuadas, ya que afecta a la respiración del grano y los microorganismos presentes.

La temperatura del grano de trigo condiciona el almacenamiento al acelerar la respiración en grano húmedo, como así también los procesos de descomposición y pérdida de atributos de calidad, además de incrementar la actividad de los insectos. La mayoría de los insectos plagas se mantienen inactivos por debajo de los 17 °C, lo cual se logra en el mes de marzo, si solo se dispone de aireación convencional.

En lugares donde las condiciones climáticas no permiten la utilización de la aireación, se puede utilizar la refrigeración artificial con equipos generadores de frío que, independientes de las condiciones climáticas, proveen un caudal de aire a una temperatura y humedad relativa adecuadas para una larga conservación del grano.

“Estamos hablando de un grano con un alto nivel de susceptibilidad a la presencia de insectos plagas, que aumentan su actividad durante el almacenamiento”, explicó el especialista del INTA y agregó que “realizar un exhaustivo muestreo permite identificar no solo la presencia de insectos adultos, sino también anticiparse a signos que indican una potencial infección”.

En este sentido, Santa Juliana puntualizó en la importancia de implementar un programa de Control Integrado de Plagas (CIP), que combina las técnicas de prevención, monitoreo y control directo para evitar la aparición de las plagas en granos almacenados y minimizar las pérdidas económicas, debido al impacto en la comercialización.

“Para la prevención es importante realizar la limpieza y tratamiento de desinfestación de las instalaciones vacías, al menos una vez al año”, indicó Santa Juliana quien añadió que al ingresar el grano a los silos puede ser necesario un acondicionamiento previo, es decir, la prelimpieza o el descorazonado, como alternativas para lograr una aireación uniforme. Esto permite determinar cuándo es el momento óptimo de finalizar el ciclo de aireación, se reducen perdidas en kilos, calidad y aumento innecesarios de los costos.

Por otro lado, el tratamiento del grano con insecticidas residuales preventivos, autorizados por Senasa, ofrece una protección, sobre todo, durante la etapa estival del almacenamiento. Esta protección varía dependiendo del producto, la dosis y de factores que intervienen en la degradación. “Se puede utilizar una combinación de productos para una mayor cobertura y recurrir a la fumigación, ante la presencia de plagas primarias, ya que es la manera más efectiva de controlar huevos y larvas”, indicó Santa Juliana.

Asimismo, María Bernadette Abadía, especialista en poscosecha del INTA Balcarce hizo hincapié en la necesidad de contar con un adecuado plan de monitoreo y control directo, debido a que permite detectar y analizar las infestaciones provocadas por insectos. “Al iniciar un programa de monitoreo se recomienda realizar una primera inspección antes de ingresar el grano al recinto. Luego, la frecuencia del monitoreo, con colocación de trampas, toma de muestras y su análisis, dependerá de la temperatura”, explicó.

En el caso de silos convencionales, Abadía agregó que la intensidad de muestreo se incrementa a partir de septiembre, sobre todo en aquellos sectores donde se observe aumento de la temperatura del granel.

Si las medidas de prevención no son ejecutadas correctamente, los monitoreos pueden revelar la presencia de insectos. “Para controlar la infestación se dispone principalmente de metodologías de transilado y aplicación de insecticida líquido y de fumigación, independientemente de la opción se deben planificar los despachos de grano en base a los tiempos que estas prácticas requieran”, puntualizó Abadía en referencia no solo a los tiempos que requieren estos tratamientos sino también a los tiempos de carencia para mantener la inocuidad de los granos.

En el caso de detectar insectos en granos almacenados en silo bolsa, se debe recurrir a la fumigación con fosfina para lo cual se debe asegurar una correcta hermeticidad del silo, de lo contrario el gas se escapará y no se alcanzará la concentración requerida durante el plazo de tiempo necesario.

“Es importante que la utilización de los insecticidas químicos sea racional y profesional, es decir, combinarlos con otras medidas de control, seleccionar los ingredientes activos en función de las plagas a controlar y seguir las indicaciones de los fabricantes”, destacó Abadía quien señaló que, de lo contrario, podrían surgir tolerancias o resistencias que implicarían mayores riesgos a la inocuidad, en la seguridad de los operarios, mayores pérdidas e incremento de costos.

En este sentido los especialistas de poscosecha remarcaron que el programa de Control Integrado de Plagas es una herramienta fundamental para aquellos que tienen la responsabilidad de almacenar granos.